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Crisis Económica 2008: ¡Nada ha cambiado!

febrero 16, 2012

Por José Veliz Torresano, economista especializado en
finanzas, profesor universitario y analista de planificación
en SENAE.

José Veliz Torresano

Introducción

Dentro del análisis de lo que fue el siglo XX podemos decir que este se caracterizó por imprimir el rasgo de mundialización o globalización de muchos temas: políticos, económicos, sanitarios, laborales, etc. Dentro de este contexto, a inicios del siglo XX y con mayor intensidad luego de la Primera Guerra Mundial, emergió como potencia mundial, no sólo económica sino militar y política, los Estados Unidos, país que tuvo que lidiar a partir de 1929 con lo que hasta el momento ha sido la peor crisis económica de esta era, sus efectos se extendieron alrededor del mundo con efectos en la producción, el empleo y el intercambio comercial, en resumen, ha sido el peor episodio económico del siglo XX, y sin duda sus efectos incidieron en lo que posteriormente fue la Segunda Guerra Mundial.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con el triunfo aliado, encontramos al mundo dividido en dos, por un lado los países capitalistas de influencia norteamericana y por otro lado los países comunistas de influencia soviética. La ardua tarea de la reconstrucción de Europa obligó la implementación de un plan ambicioso bajo el auspicio de Estados Unidos, se denominó Plan Marshall, y condujo a la potencia americana y sus aliados europeos a un crecimiento sin precedentes durante casi tres décadas.

En la década de los 70 como consecuencia de la Crisis del Petróleo y motivado por otros interés particulares, se dio fin al sistema de paridad oro-dólar, Bretton Woods exhaló su último aliento, con lo que los países adoptaron, en su gran mayoría, tipos de cambio flexibles. La década de los 70 fue el fin de la doctrina keynesiana (con los años volvió a estar de moda), donde los altos niveles de inflación y desempleo incontenibles dieron paso al monetarismo de la Escuela de Chicago. A fines de década de los 70 e inicios de los 80 se propiciaron una cantidad de crisis económicas y políticas en países subdesarrollados alrededor del mundo, en Latinoamérica se suscitó lo que se ha denominado la Crisis de la Deuda en 1982, con graves repercusiones en la producción, el empleo, la pobreza (esto con una sola medida tomada por Estados Unidos, la subida de la tasa de interés).

La caída del comunismo y el desmantelamiento de la Unión Soviética trajo consigo la unipolaridad del mundo, con Estados Unidos como potencia hegemónica. En la década de los 90 se inició un periodo de liberalización comercial y financiera sin precedentes, generando crecimiento y desarrollo para muchos países. Sin embargo, un conjunto de malas decisiones en materia económica dieron como resultado en el 2008 a la primera crisis del siglo XXI, y posiblemente la peor desde la Gran Depresión de los 30.

Qué condujo al mundo y en especial a Estados Unidos, una vez más, a esta crisis? Quiénes fallaron? Qué falló? Es lo mismo de siempre o las cosas han cambiado? Qué nos deparará el futuro? Este trabajo pretende dar, con simplicidad sin dejar de ser exhaustivo, con la respuesta a los cuestionamientos planteados.

1. Antecedentes de la Crisis: Causas

Desde la Gran Depresión se han sucedido un sin número de estudios empíricos sobre las causas que ha(n) originado la(s) crisis, en la actualidad se ha encontrado evidencia que subraya la similitud entre las dos grandes crisis económicas, 1929 y 2008. A pesar de las similitudes y diferencias que se puedan encontrar, podemos destacar que las crisis no son eventos que solo se han dado en el siglo XX, las crisis se han sucedido a lo largo de la historia, algunos ejemplos de aquellas son: Inglaterra en 1340, Europa en el siglo XVI motivada por Carlos V y Felipe II, Austria en 1618 (“Kipper und Wipperzeit”), Holanda e Inglaterra en los siglos XVII y XVIII, en el siglo XIX las primeras crisis bancarias en Inglaterra se motivaron por la financiación de proyectos en las nuevas repúblicas independizadas de España, durante el siglo XX se dieron al menos seis crisis de alcance global e incontables episodios en América Latina.

Algunos trabajos realizados por respetables autores y organismos internacionales de prestigio señalan entre las causas que desatan el fenómeno de las crisis a los recurrentes desequilibrios económicos, desigualdad en ingresos, las innovaciones financieras, malas instituciones y el fenómeno de la expansión monetaria.

En virtud de lo anterior, es necesario realizar un análisis de las diferentes causas, que, según pensadores de las diferentes corrientes de pensamiento económico, han sido identificadas como precursoras de la(s) crisis, con el objetivo de determinar el grado de importancia de cada una de ellas, de manera histórica y su impacto sobre la economía.

2. Desequilibrios económicos persistentes

Los desequilibrios económicos persistentes están asociados a superávits o déficits de cuenta corriente, donde figuran las importaciones y exportaciones, es decir, los países con superávit en cuenta corriente tradicionalmente son aquellos que han logrado exportar más que importar y en consecuencia poseen un flujo de efectivo disponible, el mundo les debe más por sus exportaciones, esto se ve compensado por el lado de la cuenta financiera y capital que es donde el país explica dónde ha colocado ese excedente generado en la cuenta corriente.

Según R. Rajan en su libro “Fault Lines: How Hidden Fractures Still Threaten the World Economy” (2010) los desequilibrios económicos han sido fundamentales para el desencadenamiento de la crisis, y muy posiblemente serán una causa, en un futuro próximo, debido a la reincidencia de los países en mantenerlos. El problema no reside específicamente en el hecho de un superávit o un déficit, sino en la persistencia en los mismos. En el caso del déficit este debe ser cubierto de alguna forma, generalmente mediante deuda, que al ser recurrente el déficit lo que produce es una escalada de endeudamiento que afecta a futuro, sobre los ingresos, el crecimiento económico, el desarrollo y sobre la desigualdad.

Estados Unidos desde hace algún tiempo registra un marcado déficit en su balanza comercial, lo que significa que la economía americana no ha sido capaz de generar una sólida producción exportable o en su defecto el consumo americano sobrepasa con creces su producción. En la Unión Europea encontramos casos recurrentes como España que ha debido financiar su déficit a través de un endeudamiento masivo. Por el lado sudamericano podemos decir que la historia es diferente a lo acontecido hace algo más de dos décadas, donde la mayoría de países no lograban mantener un régimen de balanza comercial superavitario, la mayoría de estos países, con fuertes vínculos con la exportación de bienes primarios, especialmente petróleo, experimentaron bajos niveles de precios de materias primas históricos. En la actualidad la dependencia se mantiene, pero su base exportable se ha incrementado substancialmente además de la gama de socios comerciales producto de acuerdos comerciales bilaterales o multilaterales.

Para continuar leyendo el artículo acceda aquí a la Revista Digital Orden Espontáneo de Octubre del 2011 donde el mismo fue publicado.

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La Economía del Cuidar y del Compartir

febrero 9, 2012

Por Dwight R. Lee, Profesor de Economía en la Southern Methodist University.*

Dwight R. Lee

If we were to apply the unmodified, uncurbed rules of the micro-cosmos (i.e., of the small band or troop, or say our families) to the macro-cosmos (our wider civilization), as our instincts and sentimental yearnings often make us wish to do, we would destroy it. Yet if we were always to apply rules of the extended order to our more intimate groupings, we would crush them.

—F. A. Hayek, The Fatal Conceit: The Errors of Socialism

La creencia ampliamente difundida de que los mercados son inmorales es la principal razón de que sean tan pobremente entendidos y tan poco valorados. Esta creencia no es fácil de erradicar. El problema fundamental reside en que nuestro sentido instintivo de la moralidad, que denominaré la “moral magnánima” (la moralidad del cuidado por el otro y del compartir), hace que sea fácil ver a los mercados como imperfectos o moralmente cuestionables. Además, la explicación que los economistas suelen ofrecer para lo que ellos consideran como la mayor ventaja de la economía de mercado, no hace más que reforzar esta instintiva tendencia a considerarlos como algo inmoral. A menos que los economistas reconozcan la fuente de esta hostilidad y sepan identificar que se apoya en un tipo de moralidad digno de consideración –aunque un tipo de moral no fundamental para el buen desarrollo de los mercados– habrá escaso progreso en superar el actual prejuicio por el que los mercados son vistos como algo inmoral. Esto sería de lamentar ya que existen sólidos argumentos para afirmar el carácter moral de los mercados.

Los mercados se fundamentan en un tipo de moralidad que denominaré “moral de mercado”, que es la que contribuye a que nuestras acciones se orienten en un marco global de mutua asistencia, y que pareciera ser fruto de la moralidad magnánima aunque, de hecho, nunca podría ser alcanzada por ese tipo de moralidad. Dado que la moralidad de mercado carece del atractivo natural propio de la moral magnánima, los intentos por crear un orden económico más moral mediante la sustitución de la moralidad de mercado por la moralidad magnánima gozan de amplio apoyo. Estos intentos inevitablemente erosionan los beneficios que ofrecen ambos tipos de moralidad y terminan, finalmente, por erosionar el genuino carácter moral de la economía.

Si bien existe una mutua complementación entre ambos tipos de moralidad en la tarea de contribuir a un orden social moral –este mutuo enriquecimiento sólo resulta posible en la medida en que cada una de estas esferas de moralidad se aplique a su propio ámbito, en el contexto global de la acción humana.

La moralidad magnánima del cuidado y del compartir

Entendemos intuitivamente que la moralidad es el cuidado personal y la ayuda compartida con otros. Este tipo de moralidad se puede definir, brevemente, como aquella que cumple tres condiciones: 1) que se ayude a otros intencionadamente, 2) que esa ayuda sea hecha a costa de un sacrificio personal, 3) que esa ayuda sea otorgada a individuos y grupos que son identificables. Un comportamiento que cumple con estos tres requisitos es claramente beneficioso para el bienestar de los pequeños grupos en los que los miembros se encuentran en contacto personal, y donde se tiene mutuamente conocimiento de las circunstancias y preocupaciones de cada uno de los agentes implicados. Hemos pasado la mayor parte de nuestra historia evolutiva en pequeños grupos de tribus cazadoras/recolectoras que cumplen con estos requisitos. De modo que una fuerte afinidad por la moral de la magnanimidad está arraigada en nuestra estructura emocional. Su presencia o ausencia tiene efectos predecibles en nuestra forma de comprender el comportamiento y los acuerdos sociales.

La perdurable popularidad del cuento de Charles Dickens, A Christmas Carol, publicado en 1843, ilustra el atractivo emocional que supone el cuidado, la ayuda y el compartir a expensas del sacrificio personal, con personas que conocemos. El personaje Ebenezer Scrooge es presentado como “un viejo avaro y pecador, que extorsionaba, tergiversaba, usurpaba, rebañaba, y acumulaba” todo cuanto podía, sin atender al bienestar de su empleado, Bob Cratchit, el de su propia familia o el de cualquier otra persona. Pero después del encuentro de Scrooge con el fantasma de un antiguo socio suyo junto a tres espíritus de la navidad, sufre una transformación moral. Finalmente Scrooge encuentra la verdadera felicidad en pagar por la asistencia médica de Tyny Tim, el hijo minusválido de Bob Cratchit, en aumentar el salario de Bob y, más ampliamente, en utilizar su propia riqueza para el beneficio de los demás.

El atractivo de la moral de la magnanimdad tiene pleno significado y resulta comprensible. Las relaciones que tenemos con la familia y amigos se apoyan en ella, y son las que ofrecen nuestra mayor alegría y los momentos de mayor satisfacción y sentido. Se debe destacar que la moralidad de la magnanimidad no es contraria al modo de actuar propio de la economía de mercado. El éxito en los intercambios y transacciones en el mercado depende de la capacidad de ser considerados y atentos a las necesidades e intereses de los demás. Y esta especial sensibilidad parece extenderse más allá de las estrictas transacciones en el mercado. Apoyados en la evidencia empírica provista en una investigación realizada sobre un amplio número de países con distintos niveles de integración en la economía global de mercado, Her Gintis concluye que “las sociedades que presentan instituciones de mercado consolidadas desarrollan una cultura de cooperación, justicia y respeto por el individuo más sólida” (citado en Matt Ridley, The Rational Optimist).

Se debe admitir, sin embargo, que el funcionamiento propio de una economía de mercado no se asentaría primariamente sobre la moral de la magnanimidad. En efecto, la moralidad de la que los mercados dependen primordialmente suele ser concebida como una moralidad que rechaza el ideal de la magnanimidad. Además, el método utilizado por la mayoría de los economistas alienta esta (errónea) percepción y, por consiguiente, fortalece la hostilidad instintiva que tanta gente siente contra los mercados.

La moralidad del mercado

La moralidad del mercado es más bien modesta y con un atractivo emocional casi nulo. De hecho, la acción en el mercado apenas si merece ser llamada “moral”. De hecho, frecuentemente es considerada como inmoral. Esta moralidad podría ser definida como aquella que sigue las reglas y normas generales del intercambio en el mercado, tales como, el respeto a los derechos de propiedad, el cumplimiento de las obligaciones contractuales, el no dañar a otros violando sus legítimos derechos y expectativas, mediante el recurso a la fuerza o el fraude. La moral del mercado puede ser alcanzada, de acuerdo con Adam Smith en La teoría de los sentimientos morales (The Theory of Moral Sentiments) “con permanecer tranquilamente sentado y no hacer nada”. Además, mientras los mercados recompensan la amabilidad y el cuidado en el trato hacia aquellos con quienes se realizan intercambios personalizados, la gran mayoría de los intercambios de los que nos beneficiamos resultan ser impersonales; en efecto, nosotros no conocemos ni nos preocupamos por el destino de aquellos que están del otro lado del intercambio.

Dado que estos intercambios impersonales generan enormes beneficios, fruto de los resultados que se producen sin una dirección deliberada de ellos, la gente presta poca atención a esos beneficios o a la moralidad del mercado del que dependen. Obviamente, la gente reflexiona sobre el sentido que tienen los mercados, pero cuando lo hacen casi no prestan atención a los beneficios que se reciben, como consecuencia de la existencia del mercado. En realidad, la mayor parte de las veces la gente reflexiona sobre el sentido de los mercados cuando sufre las consecuencias de la presunta “lógica del mercado” –es decir, los requisitos que se imponen en la gente, como por ejemplo, la tasa de retorno por ingresos– que hace posible la existencia de beneficios. Pocas personas conectan la existencia de esa lógica o disciplina del mercado, con los beneficios mucho mayores que se obtienen fruto de esa disciplina; sobre todo cuando vemos a otros obtener recompensas fruto de esa lógica y que sería la que, al mismo tiempo, nos estaría llevando a nosotros, aparentemente, a una situación mucho peor. Bajo estas circunstancias, es fácil concluir que la codicia de los demás se impone innecesariamente sobre nosotros. Qué fácil es creer, además, que debe haber algún elemento de inmoralidad en un sistema económico que no sólo tolera la avaricia sino que incluso la recompensa.

Cuando los economistas defienden lo que ellos consideran la característica más valiosa de la institución de mercado, apelan al auxilio de Adam Smith pero lo hacen de un modo que terminan por reforzar el prejuicio ampliamente extendido de que los mercados no es que sean inmorales sino que carecen propiamente de moralidad. En realidad, Smith comprendió y aprobó la moralidad de la magnanimidad, como cualquier lector de su primera obra, La teoría de los sentimientos morales (The Theory of Moral Sentiments), puede observar. Pero la persona que sólo conociera al Smith del argumento en favor de la acción de la “mano invisible” en los mercados, tal como aparece en La riqueza de las naciones (The Wealth of Nations), no sería capaz de comprender esto. La ventaja que generan los mercados, para Adam Smith, reside en que mediante la búsqueda del propio interés en el mercado, las personas –de modo no intencionado– hacen más por promover el interés público (el interés de nadie en particular) que si hubieran tenido la intención explícita de hacerlo. Este argumento ignora lo que se necesita para la moralidad de la magnanimidad, y el modo en que los economistas presentan el argumento hace que sea fácil que la gente concluya, erróneamente, que la lógica del mercado exige excluir la moral del cuidar y del compartir, en la que se basan nuestras relaciones personales.

No estoy proponiendo que los economistas descarten la explicación de la mano invisible para describir el mercado. Sin embargo, para defender la moralidad de los mercados, los economistas deberían reconocer la tendencia de las personas a no tener en cuenta los beneficios que ofrece el mercado dada su aparente carencia de moral, e ir contra esta tendencia señalando la incapacidad de la moral de la magnanimidad para obtener los resultados económicos que se pretenden alcanzar.

Para continuar leyendo el artículo acceda aquí a la Revista Digital Orden Espontáneo de Octubre del 2011 donde el mismo fue publicado.

* Publicado en The Freeman, Julio/Agosto 2011, Volumen: 61, Nº 6. Versión original en inglés accesible en:
http://www.thefreemanonline.org/featured/the-economics-of-caring-and-sharing/. Traducido por Mario Šilar.

Veranos en Libertad. Resumen de los Principales Seminarios de Verano sobre las Ideas de la Libertad

febrero 2, 2012

Por Tomás Cabrero.*

Tomás Cabrero

Para aquellos interesados en interiorizarse en las ideas liberales clásicas, libertarias y de la escuela austríaca de economía existen muchas opciones. Lo primero sería leer, libros, artículos y publicaciones, entre otros. Otra opción podría ser asistir a grupos de divulgación, los cuales hay varios en Latinoamérica y que se encuentran trabajando arduamente en difundir las ideas. También los videos y otros recursos multimedia son de fácil acceso en internet, pero hay que saber encontrar buen material. Finalmente si le interesan los debates apasionados, conocer nuevos lugares, hacer amigos y tener sesiones intensivas en ciencias sociales, mi recomendación es asistir a un seminario de verano.

Existen muchos Think Tanks en los Estados Unidos, Europa, Latinoamérica e incluso Asia que organizan este tipo de seminarios tanto en sus respectivos países como fuera de sus fronteras, la mayoría en inglés pero también los hay en español. Los mismos consisten en general de una o dos semanas de conferencias y talleres donde se congregan estudiantes universitarios de diversos países. Los disertantes son de muy buen nivel y de diversas trayectorias, no solo del ámbito académico sino también del político y empresarial. A su vez, permiten tener una interacción muy cercana con los otros participantes y los profesores a través de actividades sociales. A continuación les presento los principales seminarios y sus instituciones organizadoras.

Cato Institute

Esta institución es una organización de investigación de políticas públicas dedicada a los principios de la libertad individual, gobierno limitado, mercados libres y paz. Sus académicos y analistas conducen investigaciones de manera independiente y no partidaria en un amplio rango de temas sobre políticas.

Fundada en 1977 debe su nombre a Las cartas de Cato, una serie de ensayos publicados en el ciclo XVIII en Inglaterra en los que se presenta una visión de la sociedad libre del excesivo poder de los gobiernos. En pos de mantener su independencia, Cato no acepta recursos de ningún gobierno. Los mismos provienen de deducciones impositivas de individuos y de otras organizaciones sin fines de lucro.

Cato cuenta con muchos recursos para difundir estas ideas: blogs (incluido uno en español), publicaciones web, reportes de investigaciones, libros, conferencias y apariciones en televisión de su staff. Finalmente cuenta con dos seminarios de verano.

1- Cato University

Cato University es organizada en los Estados Unidos. Hasta el 2010 se realizó en la ciudad de San Diego, California pero en 2011 se mudó a la costa este en Annapolis, Maryland. El objetivo de este seminario es sumergir a sus participantes en los principios económicos, filosóficos e históricos de los fundamentos del liberalismo e individualismo. Este programa no es gratuito, pero el precio incluye comidas, acceso a todas las actividades y material académico. El asistente debe procurarse además el viaje y la estadía. La fecha es a definir y el link el siguiente:
http://www.cato.org/cato-university/

2- Universidad El Cato

Cato realiza también una versión de Cato University para Latinoamérica, durante el verano del hemisferio sur, a la cual tuve oportunidad de asistir. La misma se desarrolla en español y cuenta con la presencia de los principales referentes del liberalismo en los países de habla hispana. El costo de la misma suele variar según la duración, lugar y si incluye el alojamiento, pero no es significativo en comparación a los beneficios. El traslado hasta la sede queda a cargo de los estudiantes.

La organización de la misma es en conjunto con algún Think Tank o universidad de Latinoamérica, originario del país sede. Entre ellos podemos mencionar a la Fundación Libertad (Argentina), CEDICE (Venezuela), Universidad Francisco Marroquín (Guatemala) y el Instituto Libertad y Desarrollo (Chile). Entre los destacados conferencistas que han participado se encuentran Carlos Alberto Montaner (Cuba), Martín Krause (Argentina), Enrique Ghersi (Perú) y Manuel Ayau (Guatemala), quien lamentablemente ya no se encuentra entre nosotros.

Foundation for Economic Education

Esta es una de las más antiguas organizaciones pro libre mercado en los Estados Unidos. Fue fundada en 1946 por Leonard E. Read para estudiar y avanzar en la filosofía de la Libertad. Su misión es ofrecer los más consistentes casos de los principios de la Libertad: la importancia de la propiedad privada, la libertad individual, el Estado de Derecho, el libre mercado y la moral superior de la decisión y responsabilidad individual por sobre la coerción.

FEE es una organización no política, sin ánimos de lucro y exenta de impuestos, que no acepta dinero del gobierno y es financiada por los aportes de individuos privados, fundaciones, empresas y por lo recaudado con sus publicaciones.

Los seminarios de verano de FEE son gratuitos y de diversos niveles y temas. Todos en idioma inglés. Si un estudiante es seleccionado, luego de completar los pasos de admisión por internet, sólo debe procurarse el traslado hasta la sede del seminario, ya que el alojamiento, la comida y todas las actividades académicas se encuentran incluidos.

1- Freedom University: Austrian Economics

4-8 Junio. Atlanta, GA. Nivel: Introductorio.
Este seminario ofrece una introducción a los pensamientos y pensadores de la influyente escuela austríaca de economía. Los temas abarcan desde los fundamentos del libre mercado hasta el estudio de los ciclos económicos y la globalización.

2- Freedom University: History

11-16 Junio. Atlanta, GA. Nivel: Introductorio.
El contraste entre libertad y poder en la historia de los Estados Unidos es el foco especial de este seminario. Los estudios comienzan con la fundación del país, continúan con la Gran Depresión y sus efectos duraderos, y concluye con un análisis del comunismo en el Siglo XX.

3- Freedom University: Current Events

18-23 Junio. Atlanta, GA. Nivel: Introductorio.
Al final del verano, Freedom University presenta lecturas en los más relevantes temas de políticas públicas con los más respetados académicos en el movimiento de la libertad. Los temas incluyen salud pública, inmigración y políticas ambientales.

4- Communicating Liberty

25-29 Junio. Atlanta, GA. Nivel: Intermedio – para alumnos de FEE solamente.
Este seminario se suma al resto en el año 2012 y está pensado para aquellos alumnos que ya asistieron a otro de los eventos de FEE. Como su título lo indica, este seminario está diseñado para equipar a los alumnos con las herramientas para ser comunicadores efectivos de la libertad. Las lecturas y talleres se centran en temas como blogging, artículos de opinión, social media, oratoria, organización de eventos y networking.

5- Advanced Austrian Economics

30 Julio – 3 Agosto. Irvington, NY. Nivel: Avanzado.
Los estudiantes avanzados de economía se beneficiarán de este seminario que explora el acercamiento pionero en economía de gigantes como Menger, Mises, Kirzner y Hayek. Se discuten en él los últimos trabajos de la nueva generación de académicos austríacos.

El cierre de las inscripciones es el 31 de Marzo.
Link: http://www.fee.org/seminars/college/

Para continuar leyendo el artículo acceda aquí a la Revista Digital Orden Espontáneo de Octubre del 2011 donde el mismo fue publicado.

* Tomás Cabrero es Estudiante de Ingeniería Industrial y Licenciatura en Economía UNR. Investigador en Proyecto Dynamic SMEs.


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