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Orden Espontáneo

abril 22, 2010

Por Nigel Ashford

Nigel Ashford

Muchas de las instituciones humanas son el resultado de la acción humana, pero no del diseño humano.” Adam Ferguson

¿Qué es el orden espontáneo?

El orden espontáneo ha sido una preocupación central de pensadores políticos y filósofos durante toda la historia. Hoy es comúnmente entendido como un estado de armonía entre individuos o como paz social. Sin embargo, en la era premoderna, el concepto se entendía como el mantenimiento de un orden estable y jerárquico, preordenado por Dios o la naturaleza o los dos. El orden también puede ser considerado como la existencia de regularidad y predictabilidad en relaciones humanas, la ausencia del caos. La idea del orden todavía es altamente valorada, aunque ya no se asocia con una sociedad rígida de privilegios y poder. Se valora porque permite a la gente de distintos intereses y valores a convivir en una sociedad, sin recurrir a la discordia, conflicto o guerra civil. Así es la idea moderna del orden espontáneo.

El primer pensador que articuló este moderno concepto del orden espontáneo, fue Bernard de Mandeville, en un libro que se llamaba “The Fable of the Bees” (La Fábula de las abejas). Esa obra trataba la paradoja de que los “vicios privados”, como el auto-interés, podría resultar en “beneficios públicos”, de los cuales la sociedad entera se aprovechara. Observó que la suma de los individuos actuando por motivos separados producía una sociedad comercial sin haber sido la intención de nadie. Esta idea, de que la evolución de las instituciones humanas permitía a los individuos servir a los demás, aunque sus motivos fueran de puro interés propio, era el corazón de la Ilustración escocesa que creció alrededor de Adam Smith, David Hume y Adam Ferguson. Trataban de aplicar esa idea a una serie de instituciones humanas, incluso el comercio pero también la ley, el idioma, la moral humana y hasta las costumbres. Siendo mucho más que una teoría puramente económica, Smith argumentó en “The Theory of Moral Sentiments” (La Teoría de Sentimientos Morales) que la moral se desarrollaba con los que permitían florecer y prosperar a la humanidad, una teoría que lentamente fue aceptada por la comunidad y así resistió las pruebas de la época.

Estos señores estaban fascinados de cómo aquellos valores e instituciones se transformaron en algo que en gran medida iba a beneficiar al hombre, aunque ello no fuera lo intencional. La observación de Adam Ferguson de que la actividad humana produce un orden en la sociedad, superior al construido por el hombre, fue repetida dos siglos más tarde, por el pensador austriaco, Friedrich Hayek. Hayek derivó de la idea antigua de que las instituciones estaban divididas entre “naturales” y “artificiales”. Hayek dijo que existía un tercer grupo, las instituciones sociales. Siendo regulares y ordenadas, la gente cree que están construidas por humanos y que entonces pueden ser alteradas o reestructuradas cuando uno quiera. Hayek destacó que esa comprensión era equivocada porque la mente humana y la sociedad se habían desarrollado juntas. Tirar abajo las instituciones que mantenían la sociedad y construir nuevas, como pretendían los socialistas, destruiría el orden que hacia funcionar la sociedad.

Orden sin mandos

El orden espontáneo pone la sociedad en marcha sin la necesidad del poder central. Una sociedad libre mantiene el orden, no porque cada persona reciba instrucciones de qué hacer, sino porque las tradiciones que desarrollan y las instituciones heredadas de la sociedad humana, permiten a la gente lograr sus propias metas y, haciéndolo, también cumplen con las metas de los demás. El comportamiento de la gente sigue ciertas pautas porque fue aceptado por la sociedad y así ha permitido prosperar a los que lo seguían. No es por coincidencia, dice Hayek, que las desigualdades más grandes en el nivel del bienestar material se hallan en el Tercer Mundo, donde la ciudad encuentra al campo y las sociedades complejas, guiadas por reglas se encuentran con las comunidades íntimas donde las reglas que aseguran el buen funcionamiento de aquella sociedad son muy distintas. Las reglas que permiten un orden social complejo como el funcionamiento de una ciudad o de la economía global, no son órdenes en el sentido tradicional. Las reglas que impiden que los individuos hereden, que cometan robo, fraude o que rompan compromisos, de hecho da mucha libertad al comportamiento de la gente. Dan instrucciones a la gente de cómo hacer las cosas, pero no dice qué deberían hacer.

La evolución de la moralidad

El marco moral de la sociedad humana no está grabado en piedra, sino que cambia constantemente mientras nuevas reglas se descubren, permitiendo que el orden social funcione cada vez mejor. El problema es que no podemos saber con anticipación qué reglas van a funcionar. Nuestras leyes y costumbres actuales nos muestran qué ha funcionado para llegar al punto de desarrollo donde la sociedad está hoy. Pero la innovación y el ensayo y error son necesarios para el descubrimiento de nuevas reglas, que antes no conocíamos, que permitirán el funcionamiento de la sociedad. Las instituciones sociales que mantienen la sociedad en orden son como herramientas: instituciones, costumbres, tradiciones y valores contienen el conocimiento de las generaciones anteriores sobre cómo actuar y comportarse, y serán modificadas por la actual generación y después pasadas a las nuevas. Los grupos que adoptan estas reglas se benefician de esto, sin necesariamente saber por qué. Las instituciones que trasmiten información sobre aquellas reglas son el resultado de la actividad humana, pero no necesariamente del diseño humano.

La transmisión de reglas

Según Hayek, hay tres categorías de reglas sociales. La primera está diseñada por el hombre, por ejemplo la legislación parlamentaria. La segunda, “el conocimiento tácito”, consiste en reglas que obedecemos todos, como por ejemplo el sentido común sobre qué es justicia o injusticia – conceptos que todos comprendemos sin necesariamente poder explicarlo verbalmente. Por último, hay un tercer grupo de reglas de aprovechamiento del comportamiento, que podemos observar y anotar, pero cuando intentamos clasificarlo, no alcanzamos realmente el concepto. El sistema anglo-sajón de la ley común es un ejemplo del tercer tipo de reglas mencionadas arriba, porque ha sido desarrollado por casos y juicios distintos que durante siglos se han sumado al cuerpo de leyes. Este cuerpo ha sido refinado gradualmente y está abierto para cambios en el futuro. Aprendemos de estas reglas y también contribuimos a las mismas, aunque muchas veces ni siquiera podemos explicar bien su sentido. Las categorías explicadas en segundo y tercer lugar tienen la capacidad para crear un orden complejo que utiliza más conocimiento que el que puede poseer una sola mente humana.

Por qué necesitamos la libertad

Los órdenes sociales complejos requieren libertad para poder funcionar porque la información y el conocimiento que los posibilitan nunca pueden ser acumulados por una autoridad central. Nunca será exitoso, el intento de usar la primera categoría de reglas – la legislación – para cambiar la segunda y la tercera categoría de orden espontáneo porque es la suma total de conocimiento humano que ha permitido a la gente vivir juntos en la sociedad, y que nos ha llevado al nivel de prosperidad y de población que ahora estamos disfrutando. Vimos esto en los viejos estados socialistas del Imperio Soviético, donde el gobierno atacaba y minaba la moralidad y justicia tradicional, confiándose en que las economías de Occidente mantuvieran los niveles de estándar de vivienda, pero cayendo debajo de los niveles de subsistencia. La libertad es fundamental para la construcción del orden espontáneo de una sociedad por varias razones: porque no sabemos con anticipación qué reglas funcionarán, porque la libertad es esencial para el proceso de ensayo y error y porque los poderes creativos del hombre solo pueden expresarse en una sociedad donde el poder y el conocimiento están muy repartidos. Imponer una pauta prediseñada a la sociedad sería suspender su funcionamiento como una fuerza creativa. El progreso no puede ser mandado.

La dispersión del poder

La distribución de poder entre los ciudadanos es esencial para el progreso de una sociedad ordenada, es decir lo contrario a la concentración de poder en las manos del Estado. Permite a la sociedad experimentar con las reglas que conducen su comportamiento. Mientras este proceso de ensayo y error limita el impacto de errores a un segmento pequeño de la sociedad, también permite la observación e imitación de las reglas que funcionan, y, si tienen éxito, ser absorbidas en el marco social de una sociedad libre. Correr riesgos y romper reglas es prácticamente imposible dentro de pequeñas sociedades íntimas y rurales, pero igual son esenciales para mantener a los que viven en las sociedades extensas e impersonales de la vida moderna. Estas actividades valiosas no pueden ocurrir sin que el poder esté disperso entre la población, y no concentrado en las manos de un gobierno centralizado.

Como si lo hiciera una mano invisible…

En una sociedad libre, las vidas de la gente tienen un mínimo de coerción estatal, pero no es anárquica. De hecho, la vida en una sociedad libre puede ser dura porque obliga a la gente a ajustarse a las necesidades de los demás. La sociedad libre funciona porque coordina estos deseos contrarios, incentivando a la gente, para satisfacer sus propios deseos a través de satisfacer a aquellos de los demás. Es el contrario de un estado anárquico donde la única manera de cumplir con sus metas es a costa de los demás. Como sugirió Adam Smith, somos empujados a servir a las necesidades de los demás, solamente siguiendo nuestro interés personal, como si lo hiciera una mano invisible.

Ese orden complejo que llega a armonizar y sincronizar los deseos distintos y contradictorios de la gente, puede ser muy confuso al principio, pero resulta esencial ir más allá de esa confusión para entender el funcionamiento de una sociedad libre. Cuando Alexis de Tocqueville desembarcó por primera vez en Nueva York en 1831, escuchó lo que él llamaba “un murmullo confundido”. El gran cronista de la sociedad norteamericana escribió: “En el momento en que pises la tierra norteamericana, estarás atónito por una suerte de tumulto; por todos lados se escucha un clamor confuso, y miles de voces demandan, simultáneamente, la satisfacción de sus deseos sociales.” Tratar de entender la sociedad simplemente por mirarla y escucharla no es suficiente. Sería como tratar de entender como funciona un reloj, a través de decir la hora. Es la interacción humana que permite que la sociedad funcione como un reloj.

Artículo publicado en la Revista Digital Orden Espontáneo de abril de 2010.

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Nueva Edición de la Revista Digital Orden Espontáneo

abril 14, 2010

Estimado Lector,

Es una gran alegría presentar la nueva edición de la Revista Digital “Orden Espontáneo” del Centro Adam Smith perteneciente a la Fundación Libertad.

Continuamos con nuestro compromiso de publicar traducciones al español de artículos introductorios a las ideas de la libertad y referentes a sus más grandes defensores. Para esto hemos contado con la colaboración de la Lic. María Laura Depetris y la Lic. Valeria Oliveira Cézar y la autorización de la Fundación Jarl Hjalmarson que nos permitió reproducir el primero de los tres artículos que contiene este número. Agradecemos a todos ellos su gentil predisposición.

El primer artículo se titula como el nombre de esta revista y fue escrito por Nigel Ashford, Director de Programas Académicos del Institute for Humane Studies. El autor se propone explicar qué significa este concepto pasando por los aportes de los filósofos escoceses del siglo XVIII y más modernamente por los desarrollos de F. A. von Hayek.

Luego, presentamos una breve biografía del, muchas veces olvidado, economista alemán, Wilhelm Röpke. Este importante pensador del siglo XX fue uno de los máximos representantes del Ordoliberalismo, el cual propugnaba por la llamada Economía Social de Mercado, una “vía media” con orientación de mercado entre el capitalismo del siglo diecinueve y el colectivismo totalitario del siglo veinte. Este artículo fue escrito por Richard Ebeling, ex Presidente de la Foundation for Economic Education (FEE).

Por último, publicamos un ensayo de Steven Horwitz llamado “Ganancias: no solo un Motivo”, en el cual el autor explora las relaciones entre las intenciones, las consecuencias de las acciones humanas y los incentivos que generan distintos tipos de arreglos instituciones que implican beneficios o perjuicios sociales partiendo de las conductas egoístas de los seres humanos. Se complementa con el primer artículo “Orden Espontáneo” para tener una idea más clara de este fenómeno.

Desde Fundación Libertad aprovechamos la ocasión para saludarlos y esperamos que disfruten de esta nueva edición de la Revista Digital.

Matías Spelta.
Editor Revista Digital Orden Espontáneo


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