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ENARD para todos. ¿Es posible?

agosto 23, 2012

por Matías Spelta, Director del Centro Adam Smith perteneciente a la Fundación Libertad.

E-mail: mspelta@libertad.org.ar ; Twitter: @matiasspelta.

Hace unas semanas culminó el evento más importante al que puede aspirar un deportista, hablo, por supuesto, de los Juegos Olímpicos llevados a cabo en Londres. Argentina logró en total 4 medallas: una dorada (Taekwondo), otra plateada (Hockey) y dos de bronce (Tenis y Yachting). Los resultados obtenidos sirvieron para promocionar al Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD), creado por el gobierno nacional en diciembre del año 2009 para “gestionar y coordinar apoyos económicos específicos para la implementación y desarrollo de las políticas de alto rendimiento”. El ENARD se financia a partir de un impuesto creado para este fin que equivale al 1% del precio del abono que las empresas de telefonía celular facturan a sus clientes. Hasta el momento, dicho Ente ha administrado fondos por unos $200 millones de pesos.

Cristina Kirchner y deportistas olímpicos

Luego de los juegos, muchos de los deportistas que ganaron medallas o diplomas olímpicos fueron recibidos por la Presidente Cristina Kirchner, como muestra de agradecimiento por el apoyo brindado. Se destacó Sebastián Crismanich, el taekwondista ganador de la única medalla de oro conseguida por nuestro país, quien afirmó “Ojalá hubiera 10 ENARD. A nosotros nos salvó la vida”.

Mientras tanto, el jueves pasado se publicaba una nota sobre Agustín Pernas, un chico de 12 años campeón argentino de ajedrez en su categoría, con dificultades para financiar el viaje que le permitiría disputar el mundial de su disciplina en Eslovenia. Su mamá Olga intentó recibir apoyo en varios niveles del Estado pero no lo consiguió. No obstante, de manera solidaria la Federación de Ajedrez de Argentina del Oeste (FAOGBA) ha organizado un torneo cuya recaudación será destinada a costear los pasajes necesarios.

Cabe preguntarnos por qué algunos deportistas pueden conseguir subsidios por parte del Estado y otros no. ¿No podrían recibirlos todos? ¿Por qué limitarnos a esta profesión y no incluir también a científicos, artistas, médicos, etc.? ¿Por qué no crear un Ministerio de los Sueños Personales donde cada persona completaría un formulario con sus anhelos más importantes para que el burócrata de turno evalúe, apruebe y subsidie? Frédéric Bastiat, un economista francés del siglo XIX, dijo sabiamente alguna vez “El Estado es la gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas de los demás.

Lamentablemente, si cada actividad intentara ser subsidiada por el Estado para verse realizada, en el mejor de los casos y bajo supuestos muy fuertes (que no existe corrupción y que cada uno aporta en impuestos lo mismo que recibe en subsidios), entonces todos terminaríamos en el mismo punto de partida. El Estado no puede crear recursos de la nada, los apropia de la riqueza que generan los individuos en el ámbito privado. Bastiat, además, nos enseñó una segunda lección: prestarle atención a lo que “no se ve” del impacto de las políticas estatales. Aunque sea notorio el efecto de un subsidio a un sector, no estamos observando el impacto negativo en las demás actividades que lo financian. Por lo tanto, si todos pretenden ser subsidiados, en un mundial ideal, ninguno lo será en términos netos. Si agregamos supuestos más reales a nuestro análisis, como la existencia de altos niveles de corrupción y enriquecimiento ilícito en el ámbito estatal, entonces nuestra conclusión será que al pretender mejorar la situación de todos, el gobierno termina logrando exactamente el resultado opuesto. En el caso del ajedrecista, podríamos intuir que si no se subsidiaran ciertas actividades como las que promueve el ENARD, entonces los impuestos serían más bajos y quizás los padres de Agustín podrían pagar el viaje de su hijo con sus propios recursos.

Ahora bien, si entendemos que no se pueden subsidiar a todos los sectores, todavía queda la posibilidad de que sea beneficioso subsidiar a algunos, como el caso de los deportes. La mayoría de las disciplinas olímpicas en nuestro país no revisten un carácter profesional, sino que son amateurs. Desarrollarse por sí mismas hasta alcanzar el rendimiento de la elite mundial es muy complicado, por lo que es muy probable que en el largo plazo el financiamiento del ENARD mejore los rendimientos de los deportistas argentinos. ¿Esto puede justificar su existencia? ¿Sólo importa ganar, sin tener en cuenta el costo? ¿Bajo qué criterio elegimos a las personas que se beneficiarán de los subsidios estatales y aquellos que tendrán que pagarlos? ¿Nuestro país se puede dar el lujo de subsidiar a deportistas de elite cuando los niveles de pobreza son cada vez más elevados? ¿Cuáles son las verdaderas prioridades? Nos guste o no, los recursos son escasos y las elecciones implican inevitablemente una escala valorativa.

La economía nos enseña que no puede existir un ENARD para todos, los principios éticos nos dicen que no es justo que solo exista para algunos. ENARD para ninguno, significa LIBERTAD para todos. Esa es otra alternativa que quizás podríamos considerar.

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