Ganancias: no sólo un motivo

Los beneficios indican a los productores lo que deben o no hacer.

Por Steven Horwitz

Steven Horwitz

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Uno de los reclamos más comunes de los críticos del mercado es que “la búsqueda de beneficios” persigue objetivos diferentes con respecto a personas y firmas haciendo “lo correcto”. Por ejemplo, la película Sicko de Michael Moore fue impulsada por su deseo de quitar el afán de beneficios de la asistencia médica porque, en su opinión, la manera en que las personas buscan obtener ganancias no las lleva a suministrar el nivel y el tipo de asistencia que él cree que los pacientes debieran tener.

Dejando por un momento de lado la cuestión de si la industria sanitaria está realmente dominada por la búsqueda de beneficios (dado que casi la mitad de los gastos en asistencia médica en EE.UU. son pagados por el gobierno federal, no es claro qué motivo domina) o si Moore conoce mejor que millones de individuos cuáles son sus necesidades médicas, el reclamo de que un “motivo” es la causa original de patologías sociales es merecedor de algunas reflexiones críticas. Los críticos parecen sugerir que si las personas y las firmas fueran motivadas por algo además del beneficio, estarían más capacitadas para suministrar aquello que los pacientes realmente necesitan.

El principal problema de culpar a un “motivo” es que se ignora la distinción entre intenciones y resultados. Esto es, se ignora la posibilidad de consecuencias no intencionadas, tanto beneficiosas como perjudiciales. Desde Adam Smith, los economistas han entendido que el propio interés de los productores (de los cuáles el afán de lucro es sólo un ejemplo) puede conducir a beneficios sociales. Como Smith conocidamente lo expresó, no es la “benevolencia” del panadero, carnicero, y cervecero lo que los lleva a suministrarnos con nuestra cena si no su “egoísmo”. La idea de Smith, que fue un núcleo de la más extensa Ilustración Escocesa de la que fue parte, puso el foco en las consecuencias de la acción humana, no en sus motivaciones.

Lo que nos preocupa es si los bienes se entregan, no los motivos de quienes los proveen. Smith indujo a los economistas a pensar por qué, o bajo qué circunstancias, el interés propio conduce a consecuencias beneficiosas no intencionadas. Quizás está en la naturaleza humana asumir que las intenciones son iguales a los resultados, o que el interés propio implica una ausencia de beneficio social, como era comúnmente el caso de las sociedades simples y pequeñas en las que la humanidad evolucionó. Sin embargo, en el más complejo, anónimo mundo de lo que Hayek llamó “la Gran Sociedad”, la ecuación simple de intenciones y resultados no se cumple.

Como Smith reconoció, lo que determina si la búsqueda de beneficios conlleva a buenos resultados son las instituciones a través de las cuáles median las acciones humanas. Las instituciones, las leyes y las políticas influencian qué actividades son lucrativas y cuáles no. Un buen sistema económico es aquél en el que dichas instituciones, leyes y políticas son tales que el comportamiento egoísta de los productores resulta en beneficios sociales. En las economías mixtas como la de EE.UU., el marco institucional, por lo general, recompensa la búsqueda de ganancias que no producen beneficios sociales, o a la inversa, previene la búsqueda de ganancias que pueden ocasionar tales beneficios. Por ejemplo, si la política agrícola pagara a los agricultores por no cultivar, entonces el afán de ganancias conducirá a una menor oferta de alimentos. Si la política medioambiental confiscara aquellas tierras con especies en extinción, los dueños de esas tierras guiados por la obtención de beneficios “dispararán, quitarán con la pala, y callarán” (es decir, exterminarán y enterrarán cualquier especie en extinción que encuentren en sus tierras).

Las mismas cuestiones pueden tratarse en la industria de la asistencia sanitaria. Antes de responsabilizar al afán de ganancias de los problemas de la industria, los críticos tal vez quieran mirar las maneras en las que los programas existentes en el gobierno como Medicare y Medicaid, y la interpretación de leyes agraviantes y regulaciones tales como aquellas que limitan quiénes practican qué tipos de medicina, pueden conducir a firmas y profesionales a realizar acciones que son lucrativas pero perjudiciales para los consumidores. Nombrar al afán de lucro la fuente del problema, permite a los críticos ignorar las preguntas realmente difíciles acerca de cómo las instituciones, las políticas y las leyes influyen en la búsqueda de beneficios de los productores; y cómo la búsqueda de ganancias se traduce en resultados. Responsabilizar la búsqueda de beneficios sin reservas simplemente pasa por alto la pregunta Smithiniana de si mejores instituciones permitirían al motivo de lucro generar mejores resultados, y si las políticas o regulaciones actuales son la fuente del problema porque guían la búsqueda de beneficios de maneras que ocasionan los problemas identificados por los críticos.

Por ejemplo, los altos costos médicos pueden ser un resultado de la búsqueda de ganancias de los proveedores, que reconocen que los programas del gobierno son notoriamente malos en determinar de forma precisa los precios de los servicios, y en guardar un buen registro de sus gastos. Ignorar la forma en que las instituciones pueden influir sobre qué es lucrativo se debe frecuentemente a un punto ciego más general acerca de la posibilidad de comportamientos egoístas que generan consecuencias beneficiosas no intencionadas. Antes de intentar eliminar el móvil de ganancias, ¿no deberíamos ver si podemos hacerlo funcionar mejor?

Responsabilizar de los problemas sociales a la búsqueda de beneficios es también fácil si los críticos no ofrecen otra alternativa. ¿Cuál debiera ser el fundamento para determinar cómo se distribuyen los recursos si no es en términos de la búsqueda de ganancias bajo el correcto set de instituciones? ¿Cómo debiera motivarse a las personas si no es por ganancias? Frecuentemente estas preguntas son ignoradas, ya que los críticos están solamente interesados en echar culpas. Cuando no se ignoran, las respuestas pueden variar, pero mayormente invocan un rol significativo de parte del gobierno. Lo interesante de esas respuestas es que los críticos no sugieren que de alguna manera convenzamos a los productores de actuar bajo los fundamentos de algo distinto a las ganancias, si no que en cambio, los reemplacemos por otros burócratas motivados o que estos burócratas severamente limiten las opciones abiertas a los productores. El supuesto implícito, por supuesto, es que el gobierno no estará motivado por ganancias o egoísmo en la misma medida que los productores del sector privado.

Cuán realista es esta suposición sigue siendo cuestionable. ¿Por qué debiéramos asumir que los oficiales del gobierno son menos egoístas que los individuos privados, especialmente cuando la puerta entre los dos sectores está constantemente girando? Y si los oficiales del gobierno sí actúan egoístamente y están motivados por los beneficios análogos a la política (por ejemplo votos, poder, presupuesto), ¿producirán mejores resultados que el sector privado? Si responsabilizar a las ganancias implica dar al gobierno un rol mayor en la resolución de problemas, ¿qué garantías pueden brindar los críticos del afán de ganancias de que los oficiales políticos serán no menos egoístas, y que su egoísmo producirá algún resultado mejor?

Uno mirará en vano en Sicko, por ejemplo, algún análisis de las fallas del apoyo estatal al cuidado de la salud en Cuba, Canadá, Gran Bretaña o cualquier otro lugar. Responsabilizar al afán de lucro sin preguntar si alguna alternativa resolverá mejor los problemas supuestamente causados por el móvil de beneficios es desviar el caso en contra del sector privado.

¿Cómo van a saber?

Incluso este argumento, sin embargo, no va demasiado lejos. Después de todo, todavía estamos concentrados en las intenciones y motivaciones. Lo que los críticos de la búsqueda de beneficios casi nunca preguntan es cómo, en la ausencia de precios, beneficios, y otras instituciones de mercado, los productores serán capaces de saber qué producir y cómo producirlo. El afán de lucro es una parte crucial de un sistema más extenso que permite a los productores y consumidores compartir conocimientos de forma que otros sistemas no pueden.

Supongamos por un momento que tratáramos de quitar el afán de ganancias del cuidado de la salud, llevándolo a un sistema donde el gobierno pague y/o directamente provea los servicios. Supongamos, más allá de que podamos, de alguna manera, asegurar que los oficiales políticos no serán egoístas. Para muchos críticos de la búsqueda de beneficios el problema está resuelto porque los políticos y burócratas interesados en lo público han reemplazado a las firmas con fines de lucro. Pero, no tan rápido. ¿Por qué método exactamente sabrán los oficiales cómo distribuir los recursos? ¿Por qué método sabrán cuánto y qué tipo de cuidados médicos la gente quiere? Y más importante, ¿por qué método sabrán cómo ofrecer asistencia médica sin desperdiciar recursos? Una cosa es decir que todos los adultos deben, por ejemplo, hacerse un chequeo todos los años, pero ¿debiera éste ser provisto por un doctor o un enfermero? ¿Qué tipo de equipo debieran usar? ¿Cuán completo debiera ser? Y más importante, ¿cómo los decisores de políticas sabrán si han contestado éstas preguntas correctamente?

En mercados con buenas instituciones, los productores que buscan ganancias pueden obtener las respuestas a estas preguntas al observar los precios y sus propios beneficios y pérdidas en función de determinar qué usos de recursos son más o menos valiosos para los consumidores. En lugar de tener una solución impuesta a todos los productores, basada en las mejores conjeturas de los políticos, una industria poblada por buscadores de beneficios puede probar otras alternativas y aprender cuál funciona más efectivamente. La competencia por ganancias es un proceso de aprendizaje y descubrimiento. En cuanto a la preocupación de todos los críticos de los beneficios – especialmente pero no sólo en el cuidado de la salud – de que la distribución de recursos guiada por beneficios conlleva a despilfarros, pocos, si algunos, entienden cómo los beneficios y los precios indican la eficiencia (o la falta de ella) en el uso de recursos y permiten a los productores aprender de esas señales. Las pérdidas más importantes de recursos en la industria sanitaria de EE.UU. son el resultado de incentivos y distorsiones de mercado creadas por programas gubernamentales como Medicare y Medicaid.

Entonces el verdadero problema de concentrarnos en el afán de lucro es que asume que el rol primario de los beneficios es motivar (o en el lenguaje contemporáneo “incentivar”) a los productores. Si tomamos en cuenta esa visión, puede ser relativamente fácil encontrar otras maneras de motivarlos o de diseñar un nuevo sistema donde la producción sea llevada a cabo por el estado. Sin embargo, si el rol más importante de los beneficios es transmitir conocimiento acerca de la eficiencia en el uso de recursos y permitir a los productores aprender qué están haciendo bien o pobremente, entonces el argumento se vuelve mucho más complicado. Ahora los críticos deberán explicar, en ausencia de beneficios, qué les indicará lo que deben o no hacer. Eliminar la búsqueda de ganancias de una industria no sólo requiere encontrar un nuevo incentivo si no también desarrollar una nueva manera de aprender. Los beneficios no son sólo un motivo; son también integrantes del irremplazable proceso social de aprendizaje del mercado. Los críticos pueden considerar eliminar el afán de lucro equivalente a darle al Hombre de Hojalata del Mago de Oz un corazón, en realidad, es mucho más parecido a Edipo arrancándose sus propios ojos.

Artículo publicado en la Revista Digital Orden Espontáneo de abril de 2010.

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