Ser es Elegir. ¿Puede suceder que tengamos demasiadas alternativas?

Por Sheldon Richman.

Sheldon Richman

Los críticos de izquierda y derecha del libre mercado muchas veces levantan la crítica de que el capitalismo fomenta el consumismo extremo y el materialismo. Las tiendas y los centros comerciales se multiplican, ofreciendo las 24 horas una desorientadora gama de productos sin los cuales la gente no hace mucho tiempo se las arreglaba perfectamente bien. Un muy conocido conservador aspirante a periodista/político una vez me dijo, “Tu has caminado por el centro comercial. ¿Realmente necesitamos todas esas cosas?”

A algunas personas – incluso a muchos consumidores- les causa molestia el número de alternativas dentro de categorías de productos. El New York Times recientemente publicó un informe acerca de unos estudios realizados por un profesor de psicología y un profesor de economía en los cuales se pretendía mostrar que los consumidores pueden verse abrumados con demasiadas alternativas. Mark R. Lepper, director del departamento de psicología de la Universidad de Stanford, le dijo al Times, “Uno se puede exceder en el proceso de ofrecer alternativas y cuando nos enfrentamos a una gama de opciones que es más grande de lo que podemos manejar, esto tiene efectos negativos”.

Según el Times:

El Dr. Edward L. Deci, un profesor de psicología de la Universidad de Rochester que estudia las motivaciones humanas (y que no realizó los estudios), dijo que “tener más que un número óptimo de opciones no es necesariamente un factor motivador, como muy bien han mostrado estos estudios”.

“Es muy importante para la gente tener opciones, poder decidir lo que es importante para ellos”, agregó. “Pero puedes sobrecargarte con ellas, simplemente como con cualquier otra cosa”.

Bueno, ok. Hay un grano de verdad aquí. Todos nosotros hemos estado desconcertados alguna que otra vez por una gran variedad de productos. ¿Pero lo manejamos, no? Le preguntamos a amigos acerca de sus experiencias o leemos críticas de productos o encontramos diferentes maneras de reducir la selección a un número manejable.

Además, lo que es un número óptimo de alternativas para una persona es un subóptimo para alguien más. ¿Debería fijar el estándar para todo el resto la persona menos competente manejando opciones?

La disponibilidad de numerosas alternativas no necesariamente instila el materialismo o el desconcierto. Cada individuo está todavía a cargo de su conducta y de su vida. Elegir es la consecuencia de la libertad, por lo que al momento de la exasperación, considera la alternativa. La gama de opciones bajo el socialismo no satisfacía a nadie, incluyendo a los gobernantes que se las arreglaban para obtener bienes del oeste.

Quejarnos acerca de los lujosos buffets que el capitalismo pone ante nosotros es como protestar en contra de los restaurantes tenedor libre abiertos las 24 horas. La existencia de esos restaurantes no implica que deberías comer todo lo que puedas las 24 horas del día. Simplemente indica, “Estamos aquí cuando lo desees”. Lo mismo se aplica al resto de los mercados.

No tienes que consumir todo lo que ves. Simplemente está ahí cuando lo quieras. Ejercita el sentido de la responsabilidad y prospera.

Artículo publicado en la Revista Digital Orden Espontáneo de diciembre de 2009.

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3 comentarios to “Ser es Elegir. ¿Puede suceder que tengamos demasiadas alternativas?”

  1. Urutaú Says:

    “No tienes que consumir todo lo que ves. Simplemente está ahí cuando lo quieras. Ejercita el sentido de la responsabilidad y prospera.”

    Es lo que más rescato del artículo, ya que creo que el consumidor debería ser educado por parte de los comerciantes y el Estado.
    Adecuemonos a nuestra realidad, el ánimo de lucro está exacerbado, potenciado constantemente por campañas de “tener más es mejor”, y donde se trata al consumidor como a una bolsa de dinero a la que hay que vaciar sea como sea.

    ¿No es realidad lo que les escribo? Happy hours a la madrugada en shoppings centers, es el mejor ejemplo, si se viera desde arriba, no sabríamos si estamos ante personas que corren desesperadas y completamente cegadas por el estímulo de unos altoparlantes que les gritan intempestivamente dónde ir a dilapidar durante los próximos 5 minutos en cosas que realmente pueden prescindir o si es una manada de vacas y realmente parece que son tratados e incentivados a tratarse como esto último, le gente corre una pegada al hombro y codo de la otra, y si le puede meter un empujón mejor (es una competencia), al entrar a los locales se atosigan como en un brete presionándose para no quedar fuera.

    Si tomamos otro ejemplo, un número incalculable de consumidores no sabría diferenciarme cierta bebida cola Zero de la Light. ¿Una estrategia para sacar algo al mercado que parezca diferente siendo lo mismo y a ver si se lo encajamos a alguien o realmente un producto nuevo y distinguible, innovador y original que puede ofrecernos algo más que el resto? La verdad es que no sé, no soy yo el que tiene que investigar el producto cuando llego a la góndola y me encuentro con un stand lleno de carteles atractivos que me inducen a comprar eso nuevo y misterioso, sino que es el productor y fabricante el que me tiene que decir no “Salió “X” probalo!” sino “Salió “X” un producto … que tiene … y que sirve para …” y en su caso “que es distinto a … porque …”.

    De lo contrario la gente no se guía por el sabio consejo de amigos suyos (también inexpertos consumidores que se guían solo por la intuición más que por el real saber y entender) sino que se crean los rumores y por ellos se guían los consumidores, que una tiene no se que ingrediente que es cancerígeno, o que son iguales pero la una u otra es peor y sin saber cómo ni por qué, y así infinitamente.

    En fin, si esperamos que el consumidor se eduque solo, solo podemos obtener una vaca idiota y egoísta con dinero a la que tenemos que exprimir.

    Ser es elegir, pero está en nosotros ahora elegir ser gente educada y civilizada que consume con responsabilidad o costales de carne sin inteligencia creados para consumir.

  2. Alejandro Says:

    Urutaú: No estoy de acuerdo con aquello de “creo que el consumidor debería ser educado por parte de los comerciantes y el Estado.”
    ¿Qué implica esa “educación”? Personalmente no esoy de acuerdo con el Estado me diga qué consumir. Ni a qué hora ni en qué cantidad. Como no estoy de acuerdo con que el comerciante se vea limitado en su capacidad creativa por un Estado que considera que ya hay suficiente de esto o aquello. O incluso que dos productos con distinto nombre y mismo fabricante no son fácilmente distinguibles ya que la capacidad de distinguir un producto de otro, varía de persona en persona. Por ejemplo: Mi madre no distingue la Pepsi de la Coca. ¿Se imaginan si fuera ella la designada por el Estado para limitar la cantidad de opciones?
    No estoy de acuerdo con la intromisión. Ya sea comercial o Estatal a la hora de tomar una decisión. Hay que aprender a vivir con las consecuencias de la libertad.

  3. Urutaú Says:

    Alejandro: Educación no significa manipulación, no significa tergiversación, no significa intervención, no significa utopía.
    Educación (explico según el sentido que le quise dar) refiere según la R.A.E. a la Acción y efecto de educar. Siendo este último según la misma Academia: “Perfeccionar, afinar los sentidos. Educar el gusto” pudiendo además “2. tr. Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc.. Educar la inteligencia, la voluntad.

    Cuando la educación es utilizada como medio y no como fin se corrompe y deriva en lo que entendiste vos por educación, pudiendo tener diversidad de fines ocultos como la manipulación, o el condicionamiento.
    Cuando expreso mi opinión respecto de que “creo que el consumidor debería ser educado por parte de los comerciantes y el Estado”, no me refiero sino a lo que expresé posteriormente “es el productor y fabricante el que me tiene que decir … “Salió “X” un producto tal… que tiene … y que sirve para …” y en su caso “que es distinto a … porque …”.

    De esta manera se educa al consumidor para que pueda discernir un producto de otro y pueda ejercer su derecho a la LIBERTAD de elección con claridad, y cierta incertidumbre que acarrea el hecho de degustar una nueva opción natural a este hecho.
    De esta manera el consumidor se siente más amparado por la confianza que le transmite saber cuáles son las propiedades de un producto.

    No estoy en contra de la variedad de opciones, es más, la aliento y apoyo fervientemente, porque considero que los hombres somos todos iguales en su esencia, más no en su conciencia. A pluralidad de hombres, pluralidad de opciones.

    Pero los “consumidores” son solo una faz de los “hombres”, y por ello deben ser tratados como tales, con dignidad y respeto ante todo. El hecho de que uno entre a adquirir un producto o servicio y se lo trate irrespetuosa o indignamente porque se sabe que no le queda opción al consumidor o que detrás de este vendrán otros tantos a adquirir igualmente, considero debe ser irremediablemente revertido.

    Educar a las personas a que cuando actúan en el medio como consumidores, tienen opciones (que muchas veces no saben que existen aunque te pueda parecer extraño), educar a las personas que siempre hay otra opción (salvo para los servicios públicos de carácter monopólico), educar a las personas a comparar opciones antes de efectivizar la adquisición utilizando las distintas variables que podrían llegar a afectar el proceso de selección de un producto, y así…

    Libertad de mercado no se hace solo del lado de la oferta, libertad de mercado es libertad de oferta y libertad de demanda, y para que haya libertad uno tiene que estar educado porque si no está preso de su ignorancia, y según mi entender estar preso es lo mismo que no tener libertad.

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