La Teoría Austríaca: Una Vez Más – Una Réplica a Brad DeLong

Por Roger W. Garrison*

Roger Garrison

Roger Garrison

En su desdeñosa respuesta a mi reciente artículo en The Freeman (“Un Resumen Austríaco de la Macroeconomía Mainstream”, Mayo 2009), Brad DeLong proporciona ciertos cálculos que supuestamente van en contra de la teoría austríaca del ciclo económico como una base plausible para el entendimiento de la actual recesión. Argumenta que los estimados 2 billones de dólares en que se reducirá el valor del stock de viviendas, y la consecuente desaceleración en la construcción, implican que la tasa de desocupación durante la próxima década sólo debería aumentar en un 0,6%. Sobre la base de este cálculo, él declara que la teoría austríaca “no funciona” (El artículo de DeLong – The ‘Austrian’ Story in a Nutshell – aparece como la sección final de su escrito “The Financial Crisis of 2007-2009: Understanding Its Causes, Consequences and Its Possible Cures” ).

Los austríacos podrían del mismo modo ser desdeñosos para con la opinión de DeLong, pero vale la pena señalar que las diferencias entre DeLong y los austríacos no se resuelven haciendo cálculos, sino entendiendo la teoría. Evidentemente, DeLong ha sobreestimado y, al mismo tiempo, subestimado la importancia de la burbuja inmobiliaria en la visión de los austríacos sobre la recesión actual.

Primero, la sobreestimación: La teoría austríaca sostiene que la reducción artificial de la tasa de interés distorsiona el patrón temporal de las inversiones. Con nuevo dinero haciéndose pasar por un incremento del ahorro, los recursos son mal asignados hacia actividades sensibles a la tasa de interés, las cuales, en líneas generales, significan inversiones en las etapas tempranas de proyectos de inversión a largo plazo y en bienes de capital durable, incluyendo, por supuesto, el stock de viviendas. La descoordinación temporal, que es acompañada inicialmente por un incremento en el empleo y en el gasto, eventualmente necesita una re-coordinación. En pocas palabras, el crédito artificialmente barato da lugar a una expansión insostenible.

En este contexto, la “burbuja” inmobiliaria es vista como el aspecto más notorio de una “expansión artificial” mucho más generalizada. El rol preponderante que el sector inmobiliario ha jugado en este reciente episodio de auge – recesión es totalmente explicado por las mal diseñadas políticas de viviendas del gobierno, que comenzaron durante la época de la depresión pero que se volvieron particularmente perversas en los últimos años. Los cálculos aproximados que hace DeLong reflejan su foco excesivamente limitado en el aspecto más notorio de la expansión y su desatención hacia los aspectos menos llamativos pero más generalizados. Los austríacos se enfocan en el patrón temporal general de la inversión como punto de partida para su teoría del ciclo económico, pero reconociendo la singularidad histórica de cada episodio cíclico en particular.

Segundo, la subestimación: Implícitamente DeLong prevé que su título, “Austrian’ Theory of Recession” , se entienda como una plausible explicación cuantitativa de la profundidad y extensión de la recesión. Este significado está completamente en línea con la explicación mainstream en la que movimientos en la demanda agregada o cambios en la oferta de dinero se correlacionan tolerablemente bien con la tasa de desempleo durante la recesión y cuentan con los cálculos al estilo del de DeLong que suman verosimilitud. De acuerdo a la máxima metodológica tácita, la ‘causa’ debe ser aproximadamente equivalente en magnitud al ‘efecto’. Es precisamente la demostración de este tipo de equivalencias aproximadas lo que F. A. Hayek tenía en mente cuando adoptó la frase “La Pretensión del Conocimiento” como título de su discurso de aceptación del Premio Nobel. Algunas veces la causa y el efecto son de magnitudes similares (El Monte Vesubio y Pompeya me vienen a la mente); otras veces no (un fumador descuidado y un incendio en un bosque pueden servir como un caso opuesto).

Los austríacos pueden afirmar que la burbuja inmobiliaria no explica – y no se supone que así sea- , la duración y profundidad final de la recesión actual. (Y, como es indicado más abajo, incluso la considerada descoordinación temporal más extensa que es atribuible a la política del banco central sobre la tasa de interés no permite explicar en forma completa y directa la duración y profundidad de la crisis). Sin embargo, la descoordinación temporal – o más precisamente, las excesivamente favorables condiciones crediticias mantenidas por el banco central – puede ser identificada como la causa. DeLong escribe que “Garrison y los otros austríacos tienen un problema muy básico con sus matemáticas”. Pero con sus propios cálculos, DeLong sólo demuestra que la burbuja inmobiliaria no fue el Monte Vesubio. No obstante, implícitamente está sugiriendo que algo más fue – que debe existir otra causa candidata, cuya magnitud coincida con la severidad de la crisis.

Mi artículo no contenía ningún problema de cálculo; de hecho no contenía ningún cálculo – porque los austríacos reconocen que la relación entre causa y efecto no es una relación cuantitativa. Tanto el Monte Vesubio como el descuido del fumador cuentan como causas. Entonces también cuenta el crédito barato y la consecuente descoordinación temporal que precedieron el declive.

La teoría austríaca no es una teoría de la recesión per se; es una teoría del auge insostenible. Como tal, tiene una conexión mucho más fuerte con la microeconomía subyacente que muchas de las teorías mainstream actuales. Los austríacos se enfocan en líneas generales en los mercados de crédito y se preguntan qué sucede cuando el precio del crédito (es decir, la tasa de interés) se mantiene por debajo del nivel donde se vacía el mercado. Si las tasas de interés se mantuvieran demasiado bajas vía legislación (precios máximos a las tasas), seguiría inmediatamente una restricción crediticia. Esta proposición del tipo “si – entonces” es una analogía directa a la proposición de que el control de los alquileres genera una escasez de viviendas y que, en general, los precios máximos provocan que las cantidades demandadas excedan a las ofrecidas. Pero ¿Qué sucede si el Banco Central resuelve la escasez con nuevo dinero creado? ¿Podría esta forma de salvar la diferencia entre el crédito ofrecido y el demandado transformar la que sería una restricción crediticia en un crecimiento económico sostenido? Difícilmente. Simplemente introduce una demora entre el “si” y el “entonces”. En efecto, la restricción crediticia se transforma en un auge y luego en una recesión. La extensión de la mala asignación de recursos durante el auge tiene relación directa con un aspecto del declive. Las necesarias reasignaciones son aproximadamente proporcionales a las malas asignaciones previas. Es en este contexto que podemos decir, “cuanto mayor sea el auge, mayor es la recesión”. Pero tanto por razones teóricas como históricas, las recesiones pueden y usualmente hacen parecer pequeños a los auges previos.

Muchos de los datos macroeconómicos que son utilizados para seguir la pista de los episodios de auge-recesión reflejan una inherente asimetría en las desviaciones del pleno empleo. Por la misma naturaleza de las cosas, hay mucho más espacio para la existencia de niveles de empleo inferiores a los naturales que para los niveles superiores. En las economías de mercado, los recursos ociosos no son una restricción determinante, la escasez sí lo es. Al exponer su llamado “Modelo de los Estirones” , Milton Friedman señaló esta asimetría como una justificación para rechazar la idea de un ciclo de auge-recesión, para enfocarse, en cambio, en el empíricamente relevante ciclo de recesión-auge. De nuevo, los austríacos no se dejan llevar por la similitud cuantitativa. Por supuesto que la recuperación de un colapso tiene más o menos la misma dimensión vertical que el colapso mismo. Pero este hecho no invalida la proposición de que el colapso tiene una fuerte conexión teórica con el auge precedente.

Los austríacos son conscientes de la asimetría que enfatiza Friedman. Y hace tiempo que ellos son conscientes de la posibilidad – y hasta de la probabilidad- de que el declive pueda sufrir una fuerte retroalimentación positiva. El auge eventualmente termina y su sobre- natural nivel de empleo decae. Pero el pleno empleo no constituye el límite inferior de la contracción. La descoordinación necesariamente conlleva algo de desempleo. Más aún, la economía puede caer en una espiral profunda que la lleve a una recesión – con un ingreso en descenso afectando el gasto y un gasto en caída afectando a su vez el ingreso. Hayek escribió acerca de esta “contracción secundaria” mucho antes que Keynes publicara su Teoría General. Sin embargo, su foco fue la secundaridad de este complicado problema. No se refería a una secundaridad en términos cuantitativos; la espiral descendente del ingreso y el gasto bien podría ser- y en los primeros años de los 30’ sin lugar a dudas fue- mucho más devastadora que las penurias que estaban conectadas en forma más directa con la mala asignación de recursos. La espiral descendente fue secundaria en el orden causal de eventos. La acusación, acá, no debería ser que los austríacos ignoraron la espiral descendente de las magnitudes agregadas. No lo hicieron. La acusación más reveladora es que la espiral descendente es la totalidad de la historia para la visión de Keynes. Keynes no fue consciente de la naturaleza del declive inicial y su relación con el auge previo. Para él, todo se trataba de los “espíritus animales” en descenso.

Finalmente, como en episodios anteriores, la extensión y profundidad de la actual recesión no va a estar determinada simplemente por los notorios excesos del auge, o siquiera por las distorsiones generales inducidas a través del crédito. La actual extensión y profundidad no va a ser determinada en su totalidad siquiera por aquellas distorsiones magnificadas por la contracción secundaria, sino más bien por las contracciones inicial y secundaria agravadas por las políticas mal concebidas cuyo objetivo es restaurar la salud macroeconómica. Los mega programas de gasto, los niveles record de deuda resultantes y la amenaza de la inflación, junto a los salvatajes y las tomas de control parciales, van a generar más de lo cual recuperarse dificultando al mismo tiempo el adecuado proceso de recuperación.

* Publicado originalmente en la Revista Digital Orden Espontáneo Nº 1 Junio 2009. Los detalles de edición se encuentran en la misma.

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