Archive for 31 agosto 2009

Revista Orden Espontáneo Nº3

agosto 31, 2009

Estimado Lector,

Es una gran alegría presentar el tercer número de la Revista Digital “Orden Espontáneo” del Centro Adam Smith perteneciente a la Fundación Libertad.

Agradecemos profundamente a todos aquellos que nos han ayudado en la difusión de esta humilde iniciativa, en especial a la Fundación Hayek y a la Universidad Francisco Marroquín.

Esta nueva edición incluye la segunda parte de la entrevista que le realizamos al Doctor en Economía Aplicada Adrián Ravier, quien se destaca como un macroeconomista austríaco. En la misma nos cuenta cómo fue recibida por la academia su Curva de Phillips Austríaca, su interpretación de las causas de la crisis financiera, sus futuros proyectos, cómo ve el futuro de la Escuela Austríaca y las razones por las que le aconseja a los estudiantes de economía estudiar esta tradición de pensamiento.

Luego, presentamos un artículo de Sheldon Richman, editor de The Freeman, que aplica las ideas de Israel Kirzner y Friedrich von Hayek para explicar los problemas de conocimiento que sufre la regulación gubernamental.

Por último, publicamos un escrito de Federico Fernández, Presidente de la Fundación Bases, donde describe las consecuencias que ha tenido la llegada de las hermosas mujeres rusas a Israel que muy bien puede relacionarse con los efectos benéficos del libre mercado, la importación y la competencia.

Como siempre, invitamos a los lectores a escribir artículos críticos a los presentados en la revista. Los mismos serán publicados en los próximos números. Creemos que el diálogo y la discusión son la mejor forma de aprender y llegar a estar un poco más cerca de la ansiada verdad. Como alguna vez dijo el filósofo Karl Popper “I may be wrong and you may be right, and by an effort, we may get nearer to the truth” (Puede que yo esté equivocado y vos estés en lo cierto, y si hacemos un esfuerzo, quizás nos aproximemos a la verdad).

Asimismo, continuamos con nuestra sección ¿Sabías que? y sumamos algunas frases clásicas. En primer lugar, acercamos una frase de Wilhelm Röpke que muestra la complejidad y subjetividad de los fenómenos económicos. Luego, detallamos los economistas que lograron su doctorado en economía bajo la dirección de Ludwig von Mises. Para finalizar, una frase muy clásica de Frédéric Bastiat sobre el libre comercio y la guerra.

Agradecemos su colaboración en la difusión de Orden Espontáneo.

Desde Fundación Libertad aprovechamos la ocasión para saludarlos y esperamos que disfruten de este nuevo número de la Revista Digital.

Para acceder a la revista por favor haga clic aquí.

Matías Spelta
Editor

Clases Tutoriales Escuela Austríaca

agosto 30, 2009

La Fundación Hayek ofrece clases tutoriales sobre Escuela Austríaca de Economía, sin excluir necesariamente otros temas. El sistema consiste en 1 hora de clase tutorial para estudiantes que hayan leído el texto previamente y consulten todas las dudas pertinentes. El profesor dará por hecha la lectura, no habrá exposición sino directamente preguntas por parte del alumno. Se comenzará preferentemente con La Acción Humana de Mises. Las clases tutoriales pueden ser personales o en grupos de 5 como máximo.
Las clases son GRATUITAS, a cargo de Gabriel Zanotti. Los horarios son a convenir entre las 10 y las 17, Lunes y Miércoles en la Fundación Hayek (Av del Libertador 6550 – 5to Piso). Los interesados pueden llamar al 47060500 en ese horario para hablar directamente con el profesor a cargo, y si no me encuentran enviar un email a g_zanotti@hayek.org.ar, en esos días también.
Lamentablemente no podemos recurrir al clásico horario vespertino de 18 a 20-21 porque esos horarios ya están destinados a otras actividades.
Ultima aclaración, las clases están destinadas preferentemente aunque no necesariamente a estudiantes secundarios y universitarios.

CURSO INTRODUCTORIO DE TEMAS DE ESCUELA AUSTRÍACA DE ECONOMÍA PARA ESTUDIANTES SECUNDARIOS Y UNIVERSITARIOS

agosto 25, 2009

Programa

1. Breve historia de la EA.
Los comienzos. Menger, Bohm Bawerk. El rol de Mises y Hayek. La EA en los EEUU: Rothbard y Kirzner. El revival de la EA en 1974. La actualidad.

2. ¿Quién fue Mises?
Situación familiar y social. Su vida en Viena hasta 1934. Mises como economista de coyuntura, Mises como científico y Mises como transformador. Su huída a los EEUU en 1940. Su solitaria existencia en la década del 40. Sus 1ros discípulos norteamericanos. Su obra política y económica.

3. Los aportes de F. A. von Hayek.
Pequeña reseña biográfica. Su debate con Keynes. Sus aportes a la teoría del mercado. Su pensamiento político.

4. El futuro de las ideas austríacas.
La EA , hoy. El problema de la aplicabilidad y el problema de la vida académica. Los debates dentro de la Escuela y los temas pendientes.

Docente a cargo: Gabriel Zanotti

El curso es para estudiantes secundarios y universitarios; la edad límite es (aprox) 30 años; si alguno está “en otra etapa de la vida” :-)), puede ayudar enviando conocidos al curso.

El curso es gratuito. Cupos limitados.

Comienza: Lunes 31 de agosto a las 18hs

Organiza: Fundación Friedrich A. von Hayek
Av del Libertador 6550 – 5to
Buenos Aires, Argentina

Informes e inscripción: 47060500 / g_zanotti@hayek.org.ar

Curso sobre Microcréditos/Microfinanzas

agosto 21, 2009

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Curso por e-learning sobre:

MICROCRÉDITOS / MICROFINANZAS

¿Exitosa opción para salir de la pobreza?
¿Un camino a seguir? ¿La llave para lograr la independencia económica familiar? ¿Acceso al libre mercado para los más pobres?

Organiza: Red de Aprendizaje para el Cambio
http://www.REDACAM.com

Objetivo del curso:
Conocer el impacto del microcrédito en Latinoamérica, su éxito en consolidar el crecimiento de las unidades microempresariales familiares urbanas y rurales, así como los nuevos productos y servicios creados a su alrededor, permitiendo la inserción de estas microempresas en mercados competitivos y de exportación.

Profesor: Raúl Rivero Adriázola
Economista, egresado de la Universidad Mayor de San Simón, Cochabamba, Bolivia.
Con tesis de grado y experiencia profesional en Microfinazas, microcréditos y microempresas. Profesor de posgrado de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS).

Fecha: Desde el 8 hasta el 30 de septiembre de 2009.
Lugar: Campus virtual de REDACAM: http://www.redacam.com

Inscripción
Costo: u$s 45 ó $ 160 pesos argentinos
Precio para socios de Fundación Atlas 1853 y Redacam.com : $ 140
(descuento válido hasta el 2 de Septiembre de 2009)
Forma de pago: Tarjeta de crédito, transferencia o depósito bancario.

Informes: info@redacam.com

Auspician
Fundación Naumann
Fundación Atlas 1853
RELIAL
http://www.REDACAM.com

La economía en crisis. ¿La ciencia económica también?

agosto 21, 2009

Desayuno DM Final

Inflación: una causa de la pobreza

agosto 3, 2009

Por Tomás Cabrero*

Tomás Cabrero

Tomás Cabrero

Introducción

En las últimas décadas uno de los principales problemas que sufrieron las economías latinoamericanas (y del mundo) fue la inflación.

Una de las más recordadas es la hiperinflación en Alemania (República de Weimar) luego de la Primera Guerra Mundial. Durante la década de los ochenta podemos mencionar varios casos de hiperinflación en Brasil, Bolivia, Argentina y otros países América del Sur.

La inflación consiste en el aumento generalizado (no simplemente de algunos precios) y sostenido (no sólo una vez, sino de forma continua en el tiempo) del nivel de precios, es decir de aquellos productos que determinan el costo de vida de las personas. A partir de esto podemos deducir que la inflación es, a su vez, una disminución del valor de la moneda en relación a otros bienes.

Existen varios niveles de inflación, si bien los mismos son arbitrarios, sirven para dar una idea de la situación en la que se encuentra una economía. Se considera que hay “estabilidad de precios” cuando la inflación es menor al 10% anual, inflación “galopante” cuando es mayor al 10% anual e hiperinflación cuando supera el 50% mensual (se da por terminado el período inflacionario cuando desciende del 100% anual, durante dos meses consecutivos).

La hiperinflación constituye un fenómeno más complejo, suele considerarse una crisis económica, ya que implica la destrucción del sistema monetario. Ocurre que las personas quieren desprenderse de moneda y acumulan stocks, es decir, compran bienes, no necesariamente porque vayan a consumirlos sino porque esperan que el precio del bien aumente en el futuro, y así evitar pérdidas por tenencia de liquidez. Esto trae aparejado graves consecuencias sociales y económicas.

Índices

En nuestro país existen diversos índices que sirven para estimar la inflación y la evolución del costo de vida. Hay que tener en cuenta que cuando se utiliza un índice, lo que realmente se está haciendo no es medir la inflación, si no aproximarla a través de la evolución del costo de una canasta de productos ponderada según algún criterio.
Los índices más conocidos son el Índice de Precios al Consumidor (IPC), el cual se construye a partir de la ponderación de los productos de una canasta básica; e Índice de Precios al por Mayor (IPM), Índice de Costos de la Construcción (ICC). Existen algunos otros, la diferencia entre ellos radica en los productos considerados, su ponderación y en qué punto de la cadena productiva se los evalúa.

Teorías sobre la Inflación

Las diversas escuelas o tradiciones de economía han tratado de explicar este fenómeno que afecta y ha afectado a prácticamente todos los países del mundo, independientemente de su grado de desarrollo. Los contrastes radican en algunos puntos de base, pero existe cierto consenso. Entre las corrientes a destacar se encuentran la Teoría Monetarista, la Neokeynesiana, la del “Supply-side” y la Teoría Austríaca.

Las mismas contemplan cambios en la demanda agregada (demanda de todos los bienes y servicios), en la oferta agregada (oferta de bienes y servicios por parte de los productores) y en la oferta y demanda de dinero (esta última no debe confundirse con la demanda de riqueza, la cual es infinita, las personas demandan dinero para realizar transacciones, como reserva de valor ya que es el activo más líquido y por motivos de especulación, ya que se espera que el valor de la moneda cambie en relación al de otras).

La oferta monetaria, en la mayoría de los países, depende mucho de las políticas de su Banco Central. Este controla la base monetaria, los encajes bancarios que determinarán la creación secundaria de dinero y las tasas de interés para préstamos interbancarios.

La inflación de demanda, tipología en la cual hay consenso respecto a su desarrollo, plantea que el aumento de precios se debe a un aumento de la demanda agregada, a su vez generado por una expansión monetaria. Es decir la cantidad de dinero circulante aumenta, pero no lo hizo así su demanda, con lo que el consumo, inversión y gasto público aumentan.

Esta teoría supone que la oferta agregada no responde lo suficientemente rápido a este cambio de la demanda y el ajuste es mediante cambios en el nivel de precios. Pero la inflación no es uniforme, por lo tanto el precio de algunos productos aumentará más rápido que el de otros; esto depende de cómo sea la inyección de liquidez.

La Escuela Austríaca asigna como causa de la inflación el monopolio monetario por parte del Estado, mientras que los Monetaristas afirman que esto se debe a malas políticas monetarias. Dentro de los austríacos existe un debate entre los que defienden las reservas 100%, como Murray Rothbard y los que proponen las reservas fraccionarias, como Lawrence White y George Selgin. Los primeros alegan que la inflación es generada por cualquier tipo de emisión monetaria, ya sea primaria o secundaria, es decir que no sólo los Bancos Centrales son causantes de la misma.

Por otro lado encontramos la llamada inflación de costos, tipología en la que el aumento de precios se debe a que algún bien estructural como el petróleo tiene un aumento importante de precio debido a alguna causa de origen no sólo económico. Esto genera un aumento de precio del resto de los bienes cuando los productores tratan de mantener su tasa de beneficio. Aquí no existe un consenso respecto a si realmente existe o no este tipo de fenómeno, pero la realidad parece avalarlo.

Impacto en la Sociedad

La inflación tiene muchas consecuencias negativas, a pesar de que algunos autores defienden la existencia de inflación controlada y algunos gobiernos la utilizan para mantener el nivel de empleo, la estabilidad de precios es fundamental para el desarrollo de una economía.

En primer lugar el deterioro del valor de la moneda es perjudicial para aquellas personas que cobran un salario fijo, como los obreros y pensionados. A diferencia de otros con ingresos móviles, estos ven como se va reduciendo su ingreso real mes a mes, al comparar lo que podían adquirir con lo que pueden comprar tiempo después.

Otro de los efectos nocivos es la distorsión de precios relativos. Esto se debe a que cuando se realiza emisión de moneda, la misma ingresa en circulación en determinados puntos: proveedores del Estado, empleados de la administración pública. Los cuales gastarán ese dinero en aquellos bienes y servicios que consideren valiosos. Por lo tanto los precios no aumentarán en la misma proporción, ni tampoco simultáneamente.

Los precios son fundamentales en el desarrollo de una economía de mercado, ya que envían señales tanto a productores como consumidores. Una distorsión en lo mismos, provocará cambios en las decisiones de los agentes, se realizarán inversiones y transacciones que en otro momento hubieran sido considerados no rentables y la distribución del ingreso se verá afectada.

La inflación es perjudicial para aquellas personas acreedoras de montos fijos, ya que el valor real de la moneda decrece con el tiempo y su poder de compra disminuirá. Contrariamente aquellos deudores a tasa fija se verán beneficiados, ya que su pasivo real irá disminuyendo.

Como consecuencia de los puntos anteriores, surge lo que se suele denominar “inflación autoconstruida” (los seguidores de la teoría Neokeynesiana suelen considerarla un tipo de inflación, a mi entender es una consecuencia de la inflación prolongada). Este fenómeno consiste en trasladar el aumento de precios hacia delante en el tiempo, esto es así ya que las personas esperan que la inflación continúe como en períodos anteriores. Así se genera un espiral inflacionario, en el que se indexan contratos, se aumentan los sueldos y los precios por expectativas futuras.

Conclusión

De lo anteriormente expuesto se deduce que la inflación es perjudicial para la sociedad. Si bien al muy corto plazo puede traer algunas consecuencias positivas, como la creación de algunos empleos, en el largo plazo los efectos resultan nocivos, se genera ineficiencia en el mercado ya que sus señales fueron modificadas. Las personas reciben un menor ingreso real y por lo tanto son más pobres.

Paralelamente la distorsión de precios hará que los recursos se asignen de manera menos eficiente y por lo tanto la generación de capitales será menor, viéndose reducida la productividad.

Se suele llamar “impuesto inflacionario” a la situación en la que el Estado utiliza la emisión monetaria para financiarse, y son los ciudadanos los que pagan este exceso de gasto. Este modo de recaudar encubierto, suele financiar el déficit fiscal de muchos gobiernos.

A modo de reflexión personal la inflación es un fenómeno monetario que tiene origen en el gobierno por lo tanto es importante considerar opciones que pongan límites o que eliminen este monopolio.

Bibliografía

- “The Causes of Inflation”, Hans F. Sennholz. The Freeman Online.
– “How Inflation Breeds Recession”, Henry Hazlitt. The Freeman Online .
– “Política Económica: 4ª Conferencia, Inflación”, Ludwig von Mises. Seis conferencias dictadas en Buenos Aires en 1959.
http://www.wikipedia.org
http://www.elcato.org
– Material del curso dictado por el profesor Gustavo Lazzari, “Inflación, Distribución y Pobreza” organizado por Redacam.
– “Economía”, Samuelson, Nordhaus, Pérez Enrri. Mac Graw Hill.

*Publicado originalmente en la Revista Digital Orden Espontáneo Nº 2 Julio 2009. Los detalles de edición se encuentran en la misma.

Fallos del mercado. Perdone, ¿fallo de quién?

agosto 3, 2009

Por Ángel Martín Oro*

Ángel Martín Oro

Ángel Martín Oro

El mercado ha fallado, se nos dice. Incluso economistas que aparentemente parecían defender el libre mercado abrazan esta tesis, como el caso del chicaguense Richard Posner en su reciente libro A Failure of Capitalism.

A esta tesis responde Peter Boettke con una analogía del exitoso nadador olímpico Michael Phelps: “Si ataras de brazos y piernas a un nadador de primera como Michael Phelps, le ataras pesadas cadenas sobre los pies y le lanzaras a una piscina y se hundiera, no lo llamarías un ‘fracaso de la natación’ o un fracaso de Michael Phelps. Entonces, cuando los mercados han operado con el lastre de excesivas y perjudiciales regulaciones, ¿por qué llamarlo ‘fracaso del capitalismo’?”

Las causas de la crisis y el porqué no es aceptable culpar al libre mercado es un tema que ya ha sido extensamente tratado, por ejemplo aquí, aquí y aquí, por lo que no es el tema de este artículo. Más bien, quería centrarme en el fondo de la idea ampliamente aceptada de que el estado debe intervenir para solucionar situaciones en las que se dice que el mercado ha fallado.

Pero una vez que se llega a la conclusión de que el mercado ha fallado, la idea más ampliamente aceptada es que el Estado debe intervenir para solucionarlo. Estos fallos del mercado aparecen por doquier en la mente de los intervencionistas, ya sea cuando se produce cualquier tipo de efecto externo, existen presuntos bienes públicos, el mercado no es “perfectamente competitivo”, la información es “asimétrica e imperfecta”, existe “elevado riesgo e incertidumbre”, el número de especies del oso polar en Alaska no es el óptimo, o cualquier otra excusa que se les ocurra.

Sin embargo, antes de identificar un fallo de mercado y clamar por una mayor intervención, no estaría de más pararse a reflexionar sobre estos puntos y pensar sobre la serie de preguntas que se realizan a continuación:

1. ¿Existe realmente un mercado que pueda funcionar libremente y al que, en consecuencia, se le pueda culpar por resultados no deseados? Quizá, por ejemplo, no estén bien definidos ni protegidos los derechos de propiedad, por lo que estrictamente, no existiría un mercado. Piense, por ejemplo, en los problemas originados por los efectos sobre especies animales y marinas de la caza y pesca en recursos comunes (problema conocido como “tragedia de los comunes” ).

2. ¿Cuál es la estructura legal e institucional que influye la actividad que supuestamente es un fallo del mercado? Quizá, como decía Boettke, los individuos que forman ese mercado están expuestos a una maraña de regulaciones y restricciones que dificulta sus interacciones voluntarias y origina ineficiencias. Piense, por ejemplo, en la escasa innovación y emprendimiento en España o, volviendo al párrafo inicial, la actual crisis financiera. Fenómenos éstos que algunos señalan como fallos del mercado.

3. ¿Bajo qué criterios está juzgando al mercado? El mercado es una institución humana, por tanto imperfecta, y utilizar el criterio de la perfección no vale. Parece algo obvio, pero no lo es, especialmente para los teóricos neoclásicos, cuyo marco teórico se basa de manera importante en el “modelo de competencia perfecta” y los “mercados perfectamente competitivos”. Y es que, como recuerda Lucas Engelhardt, “comparar el mundo real con construcciones imaginarias (léase modelo de competencia perfecta o criterio de eficiencia paretiana) y usar éstas para condenar a la realidad es una práctica largamente aceptada en la economía convencional. Los austriacos están en frecuencia solos al declarar que ésta no es una forma válida de medir la optimalidad de los resultados del mercado” .

4. ¿Realmente es deseable solucionar ese presunto fallo? Quizá los costes de solucionarlo sean muy altos. ¿Por qué no se ha solucionado hasta el momento? Quizá existiera alguna traba administrativa, legal o de otro tipo que impidiera su resolución. ¿Por qué supone que no se va a solucionar en un futuro inmediato? Quizá al tratar de corregir ese problema de manera estatal en un punto determinado del tiempo, lo que haces es evitar que aparezca una solución de mercado un poco más tarde, obstaculizando el proceso de descubrimiento empresarial. Piense, por ejemplo, en las innovaciones que se impidieron durante décadas en el sector aéreo por ser monopolios legales.

5. ¿Por qué está suponiendo que, en caso de hallar un problema real, sería deseable que el Gobierno interviniera? Quizá esté juzgando con distinto criterio al mercado y al Gobierno. Mientras que al primero le ve fallos, al segundo lo analiza en sus modelos como un tipo ideal. ¿Acaso el Gobierno no tiene fallos? ¿Sabe cómo funciona el proceso político? ¿Realmente le gustaría confiar la resolución de los problemas en los políticos y burócratas, esos mismos que tan frecuentemente salen en los medios acusados de corrupción y asuntos sucios varios, y que tanto le mienten, engañan y manipulan en su misma cara solo para conseguir su voto? Y una vez analizado el funcionamiento de la política con una adecuada teoría de la acción humana, ¿cómo sabe que los fallos del mercado son más graves que los del Gobierno?

Resulta que cuando uno se para a pensar sobre estos puntos, al menos quien escribe estas líneas concluye que se suele utilizar un doble rasero para valorar los resultados del mercado y los del Estado.

Esto creo que se puede ver con claridad en el caso de la educación en España. Pocos dudarán del penoso desempeño del sistema educativo español. Sin embargo, pocos defienden que el Estado se retire de la arena educativa, y el consenso mayoritario pide que se haga un Pacto de Estado, que se hable con todas las fuerzas sociales, etc., etc. Es decir, continuar con el estatismo pero darle alguna vuelta de tuerca.

Por el contrario, imagínense que la educación estuviera a cargo del sector privado y que, imaginemos, estuviera dando tan malos resultados como los actuales (aunque lo más probable sería que desde el Estado se exageraran negativamente esos resultados, y que se nos dijera que de no ser por un cambio hacia un modelo estatalizado, la sociedad acabaría en la miseria educativa). En ese caso, ¿alguien duda de la reacción de los políticos y de muchos intelectuales? “¡El mercado ha fallado, hay que intervenir!”, se nos diría.

O también podemos apoyar la tesis del doble rasero con un fenómeno recurrente: cuando fracasan las agencias o instituciones públicas a la hora de cumplir su papel, éstas exigen un mayor poder para tratar de evitar esos fallos en el futuro, y normalmente lo consiguen. Véanse los casos de los servicios de inteligencia para evitar el 11-S, la reguladora Securities and Exchange Commission (SEC) para evitar el caso de Madoff o la Reserva Federal americana con sus alocadas políticas, causantes en buena medida de la crisis actual. En cambio, las organizaciones privadas que en un libre mercado fracasan al no satisfacer las exigencias de los consumidores simplemente desaparecen, debido al disciplinador sistema de pérdidas y ganancias del que en un mercado realmente libre, nadie puede escapar.

Es curioso este doble modo de pensar y, desgraciadamente, también de actuar. A los fallos del Estado se responde con más Estado, mientras que a los fallos del mercado se responde del mismo modo: con más Estado e intervención.

*Publicado originalmente en la Revista Digital Orden Espontáneo Nº 2 Julio 2009. Los detalles de edición se encuentran en la misma.

Entrevista a Adrián Ravier 1era Parte

agosto 3, 2009

Por Matías Spelta*

Adrián Ravier es Licenciado en Economía, egresado de la Universidad de Buenos Aires; completó un Master en Economía y Administración de Empresas en ESEADE; y en enero del presente año, alcanzó su doctorado en Economía Aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Como miembro del departamento de investigaciones de la Fundación Friedrich A. von Hayek, es editor de la Revista digital “La Escuela Austríaca en el Siglo XXI”, ha organizado y participado de Congresos Internacionales y es docente de economía, en grado y postgrado, en distintas universidades de la Argentina.

Adrián Ravier junto a Gabriel Zanotti

Adrián Ravier junto a Gabriel Zanotti

MS: ¿Cómo llegaste a las ideas de la Escuela Austríaca ?

AR: Mi primera deuda es con mi padre, quien primero me estimuló a estudiar economía, y luego, a medida que iba avanzando en la carrera, me ofreció leer libros del Centro de Estudios sobre la Libertad (CDEL), y diversos números de Libertas , la revista académica de ESEADE que hoy se titula RIIM. Mi padre recibía ejemplares de Libertas por pertenecer a la UCEDE.
En paralelo con la licenciatura en economía pude ir estudiando autores como Ludwig von Mises, Friedrich A. von Hayek, Murray Rothbard, Leonard Read, Henry Hazlitt, Israel Kirzner, además de ensayos académicos de “austríacos argentinos” como Alberto Benegas Lynch (h), Martín Krause, Gabriel Zanotti, Juan Carlos Cachanosky, Ricardo M. Rojas, entre otros.
Recuerdo muchas tardes y noches en las que volvía de la facultad y mi padre me preguntaba sobre los contenidos de la carrera. Apenas empezaba, él ya interrumpía con largas historias, y luego terminaba con una serie de libros que se iban trasladando desde su biblioteca a lo que fue el inicio de mi propia biblioteca. Muchos de esos libros nunca volvieron a su biblioteca.

MS: ¿Cómo fue tu paso por la universidad donde, en general, enseñaban cosas que no compartías?

AR: Disfruté muchísimo mi paso por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, aunque, paradójicamente, no rescato las enseñanzas de ninguno de mis profesores.
Podríamos decir que el programa de estudios de esta universidad tenía cuatro fallas centrales:
Primero, que el programa estaba muy desactualizado. Uno entiende que la Escuela Austríaca esté ausente, ya que ocurre en las mejores universidades, pero los Clásicos, la Escuela de Chicago, la Nueva Macroeconomía Clásica, la Economía Institucional, por citar algunos ejemplos, también estaban ausentes. En otras palabras, varios premios Nobel de Economía como Friedrich A. von Hayek, Robert Lucas, James Buchanan, Ronald Coase o Douglass North no fueron mencionados. Milton Friedman por su parte, sí fue mencionado, pero sólo para criticar su teoría cuantitativa del dinero.
Segundo, que el programa de estudio estaba muy sesgado a la izquierda. Marx y Keynes resumían prácticamente todos los contenidos. Quizás el caso más llamativo fue la materia “Organización Industrial”. Su curso incluía una serie de capítulos de “El Capital” de Marx, donde se estudiaba en detalle “la plusvalía”, la “teoría de la explotación” y la “concentración del capital” que implicaba el sistema capitalista.
Tercero, que las clases, en una gran proporción, no eran dictadas por los “titulares”, sino por sus “adjuntos” o “auxiliares”, que en muchos casos, todavía no habían terminado la carrera.
Cuarto, que el programa de estudio sólo incluía una materia de teoría política, y ninguna de derecho. Un economista egresaba de la Facultad de Ciencias Económicas sin haber estudiado jamás la Constitución Nacional, y sin haber reflexionado nunca sobre la importancia de la seguridad jurídica, la estabilidad de las reglas de juego y los derechos de propiedad. No llama la atención que, a partir de ello, uno observe propuestas “económicas” que atentan contra las instituciones fundamentales. El Plan Fénix, creado por profesores de esta casa de estudio, es un excelente ejemplo.
Estas deficiencias supongo que crearon en mí la necesidad de “buscar” bibliografía, necesidad que mantengo hoy en día, y que internet, que nació cuando promediaba la carrera, me ha facilitado.
Haber desarrollado mis estudios de la literatura de la Escuela Austríaca, en paralelo con el material mencionado, me llevó a debatir con muchos profesores, pero siempre en un marco de respeto y cordialidad. Incluso en los exámenes, muchas veces contestaba lo que se me pedía, pero luego explicaba la perspectiva de la Escuela Austríaca sobre los mismos temas. Los profesores jamás me cuestionaron. La UBA está gobernada por economistas de diferentes tendencias, y todos saben respetar al que piensa diferente. El debate siempre fue posible, y ello es lo que rescato.

MS: ¿Recordás alguna anécdota de aquellos años?

AR: Anécdotas hay muchas. La más importante seguramente fue la que me ocurrió al intentar encontrar un tutor para mi tesina de grado. Dado que la mayoría de mis profesores habían sido adjuntos o ayudantes, no había muchos a quienes uno pudiera recurrir. Si un profesor titular no se presenta a clase, muy difícilmente acepte luego dirigir una tesis.
Cursé “Finanzas Públicas” con Ricardo Rotsztein, adjunto de la Cátedra de Macón. El curso fue de lo mejor de toda la carrera, y recuerdo que estudiamos “las fallas de mercado” a través de algunos capítulos de un libro de Joseph Stiglitz sobre el Sector Público. Rotsztein entregó, como parte de la bibliografía, un artículo de Alberto Benegas Lynch (h) titulado “Bienes públicos, externalidades y free riders, el argumento reconsiderado”, el que leí con mucha atención, y el que me originó muchas inquietudes. Decidí hacer mi tesina sobre estas “fallas de mercado”, de tal forma de elaborar una respuesta a Stiglitz, sobre la base de los escritos de la Escuela Austríaca. Rotsztein me comentó que, como adjunto, no podía dirigir mi tesina, pero que podía contactar a Macón y ver si él estaba interesado. Macón aceptó hablar conmigo, lo cual me llenó de satisfacción. Tuvimos una charla por teléfono, donde expliqué mi objetivo y la bibliografía que iba a utilizar. Macón desistió. Le pedí explicaciones, y me dijo que allá por 1959, el profesor Ludwig von Mises había visitado la UBA para ofrecer sus famosas “Seis Conferencias en Buenos Aires” (que en realidad fueron siete). Un joven estudiante se acercó a Mises y le ofreció un escrito que había desarrollado con mucho esfuerzo, y que esperaba fuera analizado por esta eminencia. Mises tomó el escrito, pero al ver en él, toda una serie de números, ecuaciones, estadísticas, parece que devolvió el escrito al estudiante; rechazó su lectura. Ese joven era el Dr. Julio Olivera, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, y hoy, posiblemente uno de los economistas argentinos de mayor reconocimiento internacional. Macón sólo escuchó esto de la Escuela Austríaca, y fue suficiente para rechazar sus ideas. Uno puede recriminarlo, pero también explica que la actitud de Mises para con ellos, provocó un rechazo, que todavía hoy atenta contra estas ideas.

MS: En el 2005 recibiste la Ludwig von Mises Summer Fellowship. ¿Cómo fue esa experiencia?

AR: Pienso que fue totalmente determinante en mi vocación académica. Allí comprendí que quería dedicarme a la docencia y a la investigación, aunque desde luego, en Argentina hay dificultades mayores a las que uno puede encontrar en Estados Unidos o Europa, para dedicarse a esta vocación. Creo que la causa de estas dificultades debemos buscarlas en el Ministerio de Educación, que al impedir la creación de nuevas universidades o institutos universitarios, impide la competencia, crea un mercado regulado (que es prácticamente un oligopolio), y en definitiva coarta la investigación.
Volviendo a la pregunta, gracias a cartas de recomendación de Jesús Huerta de Soto, Gabriel Calzada, Martín Krause, Gabriel Zanotti y Martín Simonetta, pude recibir una beca de investigación de tres meses, y trabajar junto a Joseph Salerno y un grupo de estudiantes muy talentosos que llegaban de todas partes del mundo. Uno puede tener diferencias con algunos economistas del Mises Institute, pero lo cierto es que nunca había visto una disciplina para el estudio como la que observé allí, donde la investigación es realmente full time, y donde uno entiende que se debe especializar, si realmente quiere contribuir en algo.
Con esto no quiero ser crítico del estudio multidisciplinar. Como nos enseñara Mises, es bienvenido un economista que maneja las nociones fundamentales del derecho, de las ciencias políticas y que no sea ajeno a la historia. Pero cuando uno quiere introducir contribuciones en un campo, como en mi caso espero sea la macroeconomía, necesita trabajar tanto material, que difícilmente encuentre tiempo para profundizar en diversos campos. Lo que Hayek ha hecho, al introducir aportaciones en economía, filosofía de la ciencia, historia del pensamiento económico, ciencias políticas, derecho y hasta psicología, es un mérito que como explicó Peter Boettke en la biografía que le destinó, realmente será difícil, sino imposible, de igualar.
Cumplidos los tres meses, esta institución organizó el Mises University, un congreso de Escuela Austríaca que dura una semana, y al que llegan alrededor de dos centenares de estudiantes de todo el mundo para recibir clases de destacados economistas como el mencionado Salerno, así como Walter Block, Roger W. Garrison, Jörg Guido Hülsmann, Mark Thornton, George Reisman, Robert Murphy, entre muchos otros.

MS: ¿Y qué nos podés contar de tu asistencia a la reunión de la Mont Pelerin Society (MPS) que tuvo lugar en Guatemala en 2006?

AR: Tenía 20 años cuando escuché por primera vez lo que era la MPS. Sabía que muy pocos argentinos habían participado de estas reuniones, y creía que, con mucho esfuerzo y empeño, quizás con 60 ó 70 años y tras una vida académica exitosa, podría participar de la misma.
Pero de alguna manera me enteré que la MPS organizaba un concurso de ensayos, uno en inglés y otro en español, otorgando como premio la posibilidad de asistir al evento que tendría lugar en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.
El tema no era fácil, ya que había que trabajar la relación entre el proceso de globalización por un lado, y la paz por el otro. Participé porque consideré interesante el tema, pero realmente no creía que fuera posible ganar. Recibir el primer premio debió haber sido una de las satisfacciones más importantes de mi vida profesional.
Hoy valoro mucho aquel artículo, el que traduje al inglés, y hacia principios de este año se publicó en el Libertarian Papers.
Allí, como en el Mises Institute, tuve la posibilidad de conocer a importantes personalidades, como Peter Boettke o Mark Skousen, pero fundamentalmente a tres amigos personales como Nicolás Cachanosky, Pablo Iannello y Pía Greene.
El rigor académico que caracterizó a cada uno de los conferencistas me impactó profundamente, y comprendí que las diferencias entre “Chicago y Viena” se podían solucionar en el campo de las políticas públicas.

MS: Recientemente has terminado tu doctorado bajo la dirección de Jesús Huerta de Soto. ¿Podrías contarnos en qué consistió tu tesis doctoral?

AR: Cuando terminé la licenciatura en economía en la UBA, tuve la oportunidad de formalizar mis estudios sobre las ideas de la Escuela Austríaca en un Master en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Allí tuve varios profesores que considero importantes como Gustavo Matta y Trejo, Juan Carlos Cachanosky o Martín Krause, y por allí comenzó a surgir mi interés por los temas que hacen a la macroeconomía.
Cuando completé mis estudios de postgrado, resurgió mi interés en completar mi doctorado en el exterior, algo que desde muy joven venía planificando.
Fue Martín Krause quien me contactó con Jesús Huerta de Soto, y aprovechando que mi hermano vivía (y aun vive) en Madrid, pude viajar y desarrollar mis estudios de doctorado, con quien considero es uno de los principales representantes de la Escuela Austríaca, y quizás uno de los máximos especialistas en el campo de la macroeconomía y la teoría monetaria.
Mi tesis doctoral se tituló “Una posible solución a la observación de Friedman en el marco del estudio de la Curva de Phillips” y el objetivo fue sintetizar la literatura sobre la Curva de Phillips, esto es la relación entre la política monetaria, la inflación y el desempleo, mostrando deficiencias en los enfoques keynesiano y monetarista, y formulando una Curva de Phillips alternativa, de pendiente positiva, fundada en la tradición de la Escuela Austríaca de Economía, y en particular sobre la base de la teoría austríaca de los precios y del capital, la función empresarial, la no neutralidad del dinero, la noción de expectativas subjetivas y la teoría austríaca del ciclo económico.
Hace alrededor de un mes terminé de trabajar en un libro que compilará mi tesis de maestría, mi tesis doctoral y un ensayo que escribí para el homenaje que ESEADE le hiciera a Alberto Benegas Lynch (h). El título del libro será “En Busca del Pleno Empleo” y el subtítulo “Estudios de Macroeconomía Austríaca y Economía Comparada”.
También estoy intentando resumir esta idea de la “Curva de Phillips Austríaca” en un paper de no más de diez páginas. Luego veremos si algún Journal americano está dispuesto a publicarlo.

MS: ¿Podrías contarnos un poco más sobre la idea central de esta Curva de Phillips de pendiente positiva?

AR: Puedo intentar resumirlo. Digamos que partimos de una situación donde hay estabilidad, es decir, inflación cero, y cierto desempleo, de un 8 %. El trade off de la Curva de Phillips, sobre la base de la teoría keynesiana, nos enseña que sería posible mediante la política monetaria, alcanzar el pleno empleo, si aceptamos que se eleve el nivel general de precios. Esto, para el corto plazo, es aceptado por la Escuela de Chicago, y también por la Escuela Austríaca.
El mérito de Milton Friedman fue demostrar con las mismas herramientas que utilizó Phillips, qué ocurriría en el largo plazo, ante esta expansión monetaria y crediticia. Friedman, en representación de la Escuela de Chicago, le enseñó a los economistas, y también a los hacedores de políticas públicas, que el éxito de la política monetaria en alcanzar el pleno empleo, estaba sustentado en una caída del salario real. Enseñó que los agentes económicos no se dejarían engañar por mucho tiempo, y una vez que acomodaran sus expectativas, renegociarían los contratos laborales, y con ello, el nivel de desempleo volvería a su tasa natural. En consecuencia, el resultado de corto plazo podía ser favorable para el empleo, pero en el largo plazo, el efecto se “neutralizará”. La autoridad monetaria puede insistir en aplicar políticas monetarias expansivas, pero lo único que conseguirá es un efecto real de corto plazo, que se neutralizará en el largo plazo. Finalmente, Friedman enseña (como lo hace con el famoso ejemplo del helicóptero), que en el largo plazo, el efecto de la política monetaria es sólo nominal, es decir, sobre los precios.
Lo que intenté hacer con mi tesis fue emular lo que hizo Friedman con la Escuela de Chicago, pero para el caso de la Escuela Austríaca. En definitiva, las ideas centrales de la Curva de Phillips vertical ya habían sido desarrolladas por Irving Fisher hacia principios del siglo pasado.
Veamos entonces la siguiente figura.

La Curva de Phillips Austríaca

La Curva de Phillips Austríaca

Supongamos que partimos del punto A, con un nivel bajo de inflación, y con cierto nivel de desempleo, representado, digamos, en la tasa natural de desempleo. Dicha tasa natural tiene implícitos varios componentes, como la legislación laboral, el salario mínimo, la función de los sindicatos, etc. Para ejemplificar, podríamos decir que se trata de un país cualquiera, con una tasa de desocupación del 8 %.
Dentro de la tradición de la Escuela Austríaca, la única forma de alcanzar una situación de pleno empleo, de modo sostenible, es renunciando a practicar políticas monetarias, al mismo tiempo que habría que ofrecer plena flexibilidad en el mercado de trabajo, es decir, erradicando toda la legislación laboral, incluyendo los salarios mínimos. Si esto ocurre, la economía se trasladaría desde el punto A al punto B*, desarrollando un proceso genuino de formación de capital, que logra aumentar la productividad, y que sería consistente con una leve deflación de precios. Este proceso, desde luego, no se desarrolla de un día para el otro. Sería necesario todo un proceso de ahorro e inversión, lo que implica tiempo.
Los gobiernos tienen, sin embargo, un medio para alcanzar el pleno empleo más rápidamente, que es recurrir a la política monetaria. Como decíamos previamente sobre la base del modelo keynesiano, el gobierno puede pasar desde el punto A al B, recurriendo a la política monetaria, alcanzando el pleno empleo, pero sabiendo que se generará un efecto inflacionario.
Como decíamos, Friedman nos enseñó que el efecto sólo sería de corto plazo, y que retornaría a su tasa natural de desempleo, neutralizando el efecto real en el largo plazo. Pero aquí viene la gran pregunta: ¿Permanecerá la economía en la misma tasa natural del 8 %, o se modificará luego de la etapa de auge en la que se alcanzó el pleno empleo, y el proceso de reajuste posterior? ¿Es el efecto realmente neutral en el largo plazo?
Aquí me apoyo en la tradición de la Escuela Austríaca, para explicar que, ceteris paribus, la economía alcanzará un nivel de desempleo mayor que aquel del inicio del ciclo. La explicación es sumamente lógica y sencilla para un economista austríaco, pero abre muchas incógnitas para el paradigma dominante.
La Teoría Austríaca del Ciclo Económico, desarrollada por Ludwig von Mises y Friedrich A. von Hayek, y que ha recibido ya numerosos aportes, nos enseña que el efecto en el largo plazo es no neutral sobre la actividad económica, el empleo y los salarios, y que el proceso de auge (boom) y la posterior crisis y depresión (bust), deja como consecuencia, un achicamiento (horizontal y vertical) de la estructura productiva, que en definitiva, es consistente con una caída del salario real de los trabajadores.
Podemos decir que ceteris paribus, es decir, suponiendo que la legislación laboral y el salario mínimo permanecen en el mismo nivel que al inicio del ciclo, ahora lleva a más trabajadores a estar por debajo de su nivel, y en consecuencia, el desempleo se incrementa.
Lo cierto es que empíricamente, ante cada crisis y depresión, los gobiernos no sólo no flexibilizan el mercado laboral, sino que le agregan mayores rigideces, como la conocida doble indemnización o incluso la prohibición por parte de los empleadores de despedir personal. Tales políticas impiden a la economía hacer el reajuste necesario, que para los austríacos implica que muchos trabajadores se desplazan desde sectores más intensivos en capital hacia sectores más cercanos al consumo, más intensivos en mano de obra.
En la figura que expusimos, es cierto que la economía retorna a su tasa natural, pero debemos destacar que esta tasa de desocupación tiene poco de “natural” ya que lleva implícita toda una serie de rigideces en el mercado laboral, que son ajenas al mercado.
Para la Escuela Austríaca el efecto no es sólo nominal, sobre los precios, sino que el desempleo aumenta, desde el punto B hasta el punto C, el que es mayor al punto A inicial. Si el gobierno insiste en aplicar políticas monetarias y crediticias expansivas, entonces dará comienzo a un nuevo ciclo, el que llevará a la economía a un nivel de desocupación cada vez mayor, alcanzando quizás el punto D, en el corto plazo, para luego instalarse en el punto E, una vez que se complete el nuevo ajuste.
Llegamos así a dos conclusiones: en el marco del modelo, que la Curva de Phillips debiera ser de pendiente positiva; en el marco de la política económica, que el gobierno no debe aumentar las sumas dinerarias si lo que está buscando es un proceso genuino de crecimiento y desarrollo económico. En definitiva, como nos enseñara Mises, el gobierno siempre alcanza precisamente los resultados contrarios a los que buscaba.

* Publicado originalmente en la Revista Digital Orden Espontáneo Nº 2 Julio 2009. Los detalles de edición, incluído el gráfico de la Curva de Phillips Austríaca, se encuentran en la misma.

La Teoría Austríaca: Una Vez Más – Una Réplica a Brad DeLong

agosto 3, 2009

Por Roger W. Garrison*

Roger Garrison

Roger Garrison

En su desdeñosa respuesta a mi reciente artículo en The Freeman (“Un Resumen Austríaco de la Macroeconomía Mainstream”, Mayo 2009), Brad DeLong proporciona ciertos cálculos que supuestamente van en contra de la teoría austríaca del ciclo económico como una base plausible para el entendimiento de la actual recesión. Argumenta que los estimados 2 billones de dólares en que se reducirá el valor del stock de viviendas, y la consecuente desaceleración en la construcción, implican que la tasa de desocupación durante la próxima década sólo debería aumentar en un 0,6%. Sobre la base de este cálculo, él declara que la teoría austríaca “no funciona” (El artículo de DeLong – The ‘Austrian’ Story in a Nutshell – aparece como la sección final de su escrito “The Financial Crisis of 2007-2009: Understanding Its Causes, Consequences and Its Possible Cures” ).

Los austríacos podrían del mismo modo ser desdeñosos para con la opinión de DeLong, pero vale la pena señalar que las diferencias entre DeLong y los austríacos no se resuelven haciendo cálculos, sino entendiendo la teoría. Evidentemente, DeLong ha sobreestimado y, al mismo tiempo, subestimado la importancia de la burbuja inmobiliaria en la visión de los austríacos sobre la recesión actual.

Primero, la sobreestimación: La teoría austríaca sostiene que la reducción artificial de la tasa de interés distorsiona el patrón temporal de las inversiones. Con nuevo dinero haciéndose pasar por un incremento del ahorro, los recursos son mal asignados hacia actividades sensibles a la tasa de interés, las cuales, en líneas generales, significan inversiones en las etapas tempranas de proyectos de inversión a largo plazo y en bienes de capital durable, incluyendo, por supuesto, el stock de viviendas. La descoordinación temporal, que es acompañada inicialmente por un incremento en el empleo y en el gasto, eventualmente necesita una re-coordinación. En pocas palabras, el crédito artificialmente barato da lugar a una expansión insostenible.

En este contexto, la “burbuja” inmobiliaria es vista como el aspecto más notorio de una “expansión artificial” mucho más generalizada. El rol preponderante que el sector inmobiliario ha jugado en este reciente episodio de auge – recesión es totalmente explicado por las mal diseñadas políticas de viviendas del gobierno, que comenzaron durante la época de la depresión pero que se volvieron particularmente perversas en los últimos años. Los cálculos aproximados que hace DeLong reflejan su foco excesivamente limitado en el aspecto más notorio de la expansión y su desatención hacia los aspectos menos llamativos pero más generalizados. Los austríacos se enfocan en el patrón temporal general de la inversión como punto de partida para su teoría del ciclo económico, pero reconociendo la singularidad histórica de cada episodio cíclico en particular.

Segundo, la subestimación: Implícitamente DeLong prevé que su título, “Austrian’ Theory of Recession” , se entienda como una plausible explicación cuantitativa de la profundidad y extensión de la recesión. Este significado está completamente en línea con la explicación mainstream en la que movimientos en la demanda agregada o cambios en la oferta de dinero se correlacionan tolerablemente bien con la tasa de desempleo durante la recesión y cuentan con los cálculos al estilo del de DeLong que suman verosimilitud. De acuerdo a la máxima metodológica tácita, la ‘causa’ debe ser aproximadamente equivalente en magnitud al ‘efecto’. Es precisamente la demostración de este tipo de equivalencias aproximadas lo que F. A. Hayek tenía en mente cuando adoptó la frase “La Pretensión del Conocimiento” como título de su discurso de aceptación del Premio Nobel. Algunas veces la causa y el efecto son de magnitudes similares (El Monte Vesubio y Pompeya me vienen a la mente); otras veces no (un fumador descuidado y un incendio en un bosque pueden servir como un caso opuesto).

Los austríacos pueden afirmar que la burbuja inmobiliaria no explica – y no se supone que así sea- , la duración y profundidad final de la recesión actual. (Y, como es indicado más abajo, incluso la considerada descoordinación temporal más extensa que es atribuible a la política del banco central sobre la tasa de interés no permite explicar en forma completa y directa la duración y profundidad de la crisis). Sin embargo, la descoordinación temporal – o más precisamente, las excesivamente favorables condiciones crediticias mantenidas por el banco central – puede ser identificada como la causa. DeLong escribe que “Garrison y los otros austríacos tienen un problema muy básico con sus matemáticas”. Pero con sus propios cálculos, DeLong sólo demuestra que la burbuja inmobiliaria no fue el Monte Vesubio. No obstante, implícitamente está sugiriendo que algo más fue – que debe existir otra causa candidata, cuya magnitud coincida con la severidad de la crisis.

Mi artículo no contenía ningún problema de cálculo; de hecho no contenía ningún cálculo – porque los austríacos reconocen que la relación entre causa y efecto no es una relación cuantitativa. Tanto el Monte Vesubio como el descuido del fumador cuentan como causas. Entonces también cuenta el crédito barato y la consecuente descoordinación temporal que precedieron el declive.

La teoría austríaca no es una teoría de la recesión per se; es una teoría del auge insostenible. Como tal, tiene una conexión mucho más fuerte con la microeconomía subyacente que muchas de las teorías mainstream actuales. Los austríacos se enfocan en líneas generales en los mercados de crédito y se preguntan qué sucede cuando el precio del crédito (es decir, la tasa de interés) se mantiene por debajo del nivel donde se vacía el mercado. Si las tasas de interés se mantuvieran demasiado bajas vía legislación (precios máximos a las tasas), seguiría inmediatamente una restricción crediticia. Esta proposición del tipo “si – entonces” es una analogía directa a la proposición de que el control de los alquileres genera una escasez de viviendas y que, en general, los precios máximos provocan que las cantidades demandadas excedan a las ofrecidas. Pero ¿Qué sucede si el Banco Central resuelve la escasez con nuevo dinero creado? ¿Podría esta forma de salvar la diferencia entre el crédito ofrecido y el demandado transformar la que sería una restricción crediticia en un crecimiento económico sostenido? Difícilmente. Simplemente introduce una demora entre el “si” y el “entonces”. En efecto, la restricción crediticia se transforma en un auge y luego en una recesión. La extensión de la mala asignación de recursos durante el auge tiene relación directa con un aspecto del declive. Las necesarias reasignaciones son aproximadamente proporcionales a las malas asignaciones previas. Es en este contexto que podemos decir, “cuanto mayor sea el auge, mayor es la recesión”. Pero tanto por razones teóricas como históricas, las recesiones pueden y usualmente hacen parecer pequeños a los auges previos.

Muchos de los datos macroeconómicos que son utilizados para seguir la pista de los episodios de auge-recesión reflejan una inherente asimetría en las desviaciones del pleno empleo. Por la misma naturaleza de las cosas, hay mucho más espacio para la existencia de niveles de empleo inferiores a los naturales que para los niveles superiores. En las economías de mercado, los recursos ociosos no son una restricción determinante, la escasez sí lo es. Al exponer su llamado “Modelo de los Estirones” , Milton Friedman señaló esta asimetría como una justificación para rechazar la idea de un ciclo de auge-recesión, para enfocarse, en cambio, en el empíricamente relevante ciclo de recesión-auge. De nuevo, los austríacos no se dejan llevar por la similitud cuantitativa. Por supuesto que la recuperación de un colapso tiene más o menos la misma dimensión vertical que el colapso mismo. Pero este hecho no invalida la proposición de que el colapso tiene una fuerte conexión teórica con el auge precedente.

Los austríacos son conscientes de la asimetría que enfatiza Friedman. Y hace tiempo que ellos son conscientes de la posibilidad – y hasta de la probabilidad- de que el declive pueda sufrir una fuerte retroalimentación positiva. El auge eventualmente termina y su sobre- natural nivel de empleo decae. Pero el pleno empleo no constituye el límite inferior de la contracción. La descoordinación necesariamente conlleva algo de desempleo. Más aún, la economía puede caer en una espiral profunda que la lleve a una recesión – con un ingreso en descenso afectando el gasto y un gasto en caída afectando a su vez el ingreso. Hayek escribió acerca de esta “contracción secundaria” mucho antes que Keynes publicara su Teoría General. Sin embargo, su foco fue la secundaridad de este complicado problema. No se refería a una secundaridad en términos cuantitativos; la espiral descendente del ingreso y el gasto bien podría ser- y en los primeros años de los 30’ sin lugar a dudas fue- mucho más devastadora que las penurias que estaban conectadas en forma más directa con la mala asignación de recursos. La espiral descendente fue secundaria en el orden causal de eventos. La acusación, acá, no debería ser que los austríacos ignoraron la espiral descendente de las magnitudes agregadas. No lo hicieron. La acusación más reveladora es que la espiral descendente es la totalidad de la historia para la visión de Keynes. Keynes no fue consciente de la naturaleza del declive inicial y su relación con el auge previo. Para él, todo se trataba de los “espíritus animales” en descenso.

Finalmente, como en episodios anteriores, la extensión y profundidad de la actual recesión no va a estar determinada simplemente por los notorios excesos del auge, o siquiera por las distorsiones generales inducidas a través del crédito. La actual extensión y profundidad no va a ser determinada en su totalidad siquiera por aquellas distorsiones magnificadas por la contracción secundaria, sino más bien por las contracciones inicial y secundaria agravadas por las políticas mal concebidas cuyo objetivo es restaurar la salud macroeconómica. Los mega programas de gasto, los niveles record de deuda resultantes y la amenaza de la inflación, junto a los salvatajes y las tomas de control parciales, van a generar más de lo cual recuperarse dificultando al mismo tiempo el adecuado proceso de recuperación.

* Publicado originalmente en la Revista Digital Orden Espontáneo Nº 1 Junio 2009. Los detalles de edición se encuentran en la misma.

Por Última Vez: La Teoría “Austriaca” de la Recesión no funciona

agosto 3, 2009

Por J. Bradford DeLong*

Brad DeLong

Brad DeLong

Suspiro.

Roger Garrison escribe:

“Un Resumen Austríaco de la Macroeconomía Mainstream / The Freeman/ Ideas sobre la Libertad: “Para los austríacos, la liquidación de las malas inversiones es esencial para la recuperación de la economía. Los recursos tienen que ser reasignados. Por lo tanto, cualquier programa de gasto gubernamental que esté dirigido a revitalizar el auge artificial inmobiliario o incluso para evitar la salida de recursos de dicha industria es contraproducente. Produce una inmovilización de los recursos mal asignados….”

Ummm…

Tenemos 2 billones de pérdidas en hipotecas: hay que disminuir el valor del stock de viviendas que se han construido durante los últimos siete años en 2 billones, y presumiblemente vamos a construir $200 mil millones menos en viviendas anualmente a lo largo de los próximos diez años en relación a lo que habríamos hecho, lo que significa reducir el empleo en la construcción por debajo de la tendencia en 2 millones de trabajadores por un largo tiempo. Si nos toma seis meses la búsqueda de trabajo y la recombinación de las empresas para encontrar nuevas combinaciones trabajo- empresa para cada uno de esos trabajadores, las consecuencias de este acto de sobre inversión deberían ser el incremento de la tasa de desempleo en un 0,6 % por un año.

Pero en estos momentos parece que esta recesión va a elevar el desempleo anual en promedio un 4% por 3 años, 20 veces el incremento que genera la sobre inversión y el desplazamiento sectorial que dice el relato Hayekiano.

Garrison y los otros austríacos tienen un problema muy básico con sus matemáticas. El relato que ellos señalan acerca de la sobre inversión en la construcción y los desplazamientos sectoriales es parte de la historia, pero sólo el 5% de ella.

“Hamlet sin El Príncipe de Dinamarca” se me viene a la mente.

* Publicado originalmente en la Revista Digital Orden Espontáneo Nº 1 Junio 2009. Los detalles de edición se encuentran en la misma.


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